Archivar como 30 mayo 2010

Discos: Raphael 50 años después

mayo 30, 2010

Las voces más grandes todavía siguen resonando a través de los tiempos y España puede presumir de tener una cantera de órdago. Aunque el tiempo pase, los grandes perviven en la memoria y alguno de ellos no se dan por vencidos en su particular pulso contra la parca. Como algunas canciones son capaces de elevarte hasta el cielo y sentir en tus manos el poder cósmico, Raphael ha decidido quedarse con las estrellas y pedirle  un poco de su polvo estelar para hacer posible este disco que es pura magia. Veinte temazos donde se conjugan todo tipo de astros- desde Ana Torroja hasta Carlos Baute, pasando por Alaska y Víctor Manuel-para que la voz del ruiseñor de Linares lea su carta astral y nos permita a todos alcanzar las más altas cotas de paroxismo orgásmico. Si eres de los que todavía cuentan con una mente cerrada incapaz de dejarse embriagar por los medios tonos de esta leyenda viva de la música, es el momento de que dejes la puerta abierta.

Venga va, un 8,75

Meme: Los mejores momentos de Lost

mayo 25, 2010

LA MEJOR TEMPORADA
Como seguidor tardío de la serie (me enganché a ritmo de emisión televisiva en la cuarta temporada, con el parón de huelga de guionistas), he disfrutado bastante la quinta temporada con los saltos en el tiempo. Sin embargo, mi favorita (aunque suene extraño) es la segunda temporada: la incorporación de Desmond, la escotilla, los vídeos de Dharma, las otros pasajeros, la increíble llegada de Benjamin Linus… Mucha gente considera esta temporada anodina y horrible, pero a mí me encanta.

EL MAYOR CLIFFHANGER DE TEMPORADA
La marca de la casa de Lost son sus impactantes finales, multiplicado por diez si se tratan de finales de temporadas. Hay un montón que me vienen a la cabeza, pero si tengo que escoger uno que realmente me rompiese los esquemas y me dejase bien jodido, ese fue el de la Season Finale de la quinta temporada: la explosión del Jughead, que dio paso por primera y única vez a un fondo blanco con el logo en negro fue el final más explosivo y abierto que jamás puede ver una serie.

LA MUERTE MÁS MEMORABLE
Mi muerte favorita es la del personaje más cachondo de toda la serie: el doctor Artz. El único argumento argumento que salva a los guionistas de haberse cargado a este personaje es precisamente su espectacular muerte, tal vez el momento más inesperado que he vivido de la serie (junto con la muerte de Ilana, pero esta bien lo merecía). Pero tratándose de la más memorable, Charlie aparte, creo que John Locke ocupa ese lugar: el pobre no pudo ni suicidarse, la sangre fría de Ben y su terrible ambición acabó con mi personaje favorito (de aquellas daba igual, porque en la Isla había resucitado de entre los muertos…de aquellas…)

UN CAPÍTULO
Sonará raro, muy raro, pero en mi Top 5 “The Constant” no tiene lugar. Adoro a Desmond, pero no me parece un episodio redondo para nada. Y va a sonar esto más raro todavía, pero si la sexta temporada no me acabó por convencer, una de las tramas que adoro de Lost es la historia de Jacob y su hermano. No puedo elegir mi capítulo favorito de Lost, pero entre ellos bien se podría encontrar “The Incident”, “Ab Aeterno” o “Across the sea”. Pero antes de estos capítulos, los que tengo más vistos porque me encantan son “Walkabout”, “The Brig”, “Exposé” (en cualquier producto audiovisual, adoro los guiños internos que soy capaz de comprender) o The Man Behind the Curtain”, con la aparación de la cabaña de Jacob y uno de los flashbacks más brillantes de la serie.

UN PERSONAJE
Fan ciego de John Locke, el personaje más desgraciado de la historia de la televisión: rechazado y estafado (un riñón, nada menos) por su padre, que también lo dejó paralítico; odiado y rechazado en la Isla por su empeño en permanecer en ella y sus medidas radicales (explotar submarinos, entro otros); rechazado fuera de la Isla (marchó engañado por el Humo Negro para que reuniese a los que se fueron y sólo lo logró una vez muerto), asesinado después de que le salvasen de su suicidio y, para más inri, humillado al ser su cuerpo la apariencia física de la presencia más maligna del lugar.

Y a pesar de tooodo eso, John Locke tiene los huevos de seguir gritando “Don’t tell me what I can’t do”.

ESA PAREJA ESPECIAL
La parejita especial para mí son John Locke y Benjamin Linus, el dúo calavera. Ben puteó muchísimo a Locke durante sus primeros encuentros al tener la sartén por el mango. A medida que pasaba el tiempo, Locke iba ganando más autoridad, pero Ben seguía toreándole. En el momento que el Ajira 316 vuelve a la Isla, es increíble como Ben es puteado por un SuperLocke que cortaba el bacalo…y no resultaba ser John Locke.

UN TEMA MUSICAL
“Make Your Own Kind of Music” siempre estará ahí presente: no podía haber otra canción para el maravilloso inicio de la segunda temporada, ni nunca lo habrá. Y en segundo lugar “Downtown”, de la tercera temporada, también todo un emblema.

UN MOMENTO INOLVIDABLE
Los momentos inolvidables que me quedan de Lost se encuentran en los 3 visionados a los que asistí en modo comunal: inicio de la quinta y sexta temporada y, cómo no, la Finale de todas las Finales. Salvo los de la quinta temporada donde era un ambiente diverso y con gente conocida, el resto los viví en un círculo íntimismo donde a la mínima Lost sufría los constantes ataques y reproches de mis amigos que ya lo veían más por inercia que por pasión, no cómo Sary. Aun así, estos encuentros forman parte de mi historia.

Incomunicados

mayo 24, 2010

Y después de LOST…¿qué?

mayo 23, 2010

Mis problemillas con Vigalondo

mayo 19, 2010

Reflexiones tras cuatro años de licenciatura

mayo 16, 2010

Cuando comencé 1º de Comunicación Audiovisual, allá en el año 2006, tenía la manía de usar en todo momento una gama de bolígrafos específicos: Pilot Super Grip <M>, uno negro y otro azul. Me era prácticamente imposible acudir a un examen si no contaba con ellos, hasta el punto de pensar que todo dependía de su influencia, no de lo que albergaba en mi mente.

Fetichismo de papelería

Ahora, en 4º año y último de la licenciatura, me basto con un clásico Bic negro. Incluso me estoy planteando acudir a mis últimos examenes sólo con él.

Bien vale

Vidi, Vini, Viana

mayo 10, 2010

Yo nunca he pensado lo divertido que llegaría a resultar Portugal. Durante un momento determinado de mi vida, pensé en pasar un tramo de mis estudios universitarias en el norte del país, una suerte de Erasmus que en menos de cinco horas podía acercarse hasta su casa para llevar la ropa sucia de toda la semana. Portugal es considerado por incautos como el hermano pobre de España, un poblado pegado cuyo PIB depende básicamente de las toallas y las mujeres son populares por sus poblados bigotes.

Nada más lejos de la realidad. Portugal es un país digno de admiración, fascinante. Para mí, Portugal es un universo paralelo, un flashsideway que le llaman ahora, una especie de what if en el que las cosas son como aquí, pero no exactamente como aquí. Nosotros tenemos a Cristóbal Colón, ellos a Vasco da Gama. Nosotros tenemos Cómo conocí a vuestra madre, ellos a Foi assim o que aconteceu. Para mí ahora mismo son las diez menos diez, para ellos las nueve menos diez. Portugal es un reflejo deformado de sus hermanos de península, pero sin saber quien está realmente deformado: si nosotros o ellos (y si comparamos su temperamento sosegado mientras el nuestro exaltado, creo que está claro el asunto).

Y entre las pocas poblaciones que tengo visitado de Portugal, ahí se encuentra Viana do Castelo. Una ciudad que parece estancada en los años 60 por momentos, pero que tiene todo lo que un innovador núcleo turístico podría desear: feirados, alquiler de bicicletas y carricoches, centro comercial con McDonalds, una biblioteca de diseño construída con los restos que le sobraron a Álvaro Siza de la Facultad de CC. de Comunicación de la USC… Un lugar perfecto para organizar Encontros de Cinema, que permite exponer trabajos de escuelas de cine, películas con dificultades a la hora de poder ser distribuidas y MasterClass de interesante contenido.

Y me parece que todavía no he saldado todas las cuentas pendientes con Portugal y mucho menos con Viana. De momento sólo puedo agradecer los momentos, bacalhaus y experiencias que me han ofrecido.

Obrigado, Viana. Arigato, Portugal.

La cantante de Los Punsetes

mayo 2, 2010

Fui al Festival do Norte con una clara intención: pasármelo bien. Llegué sonándome únicamente el nombre de Los Planetas y teniendo vagas referencias del resto de grupos que iban a tocar. Tanto daba, acompañado de buenos amigos y en una leira que reunía a tantas gentes extrañas e interesantes, nada podía salir mal. Así fue: nos lo pasamos chachi piruleta tanto con conocidos como con desconocidos. Disfrutamos plácidamente de todas las ventajas que supone dormir en tiendas de campaña: frío por las noches, espalda destrozada, una experiencia auditiva que como dice Ser nada tiene que envidiar al Dolby Surround (te pueden vendar los ojos y ser capaz de reconocer desde donde te hablan que si estás dentro de una tienda ni de coña), sensaciones desagradables. En definitiva, un delirio, un pasote. Puro purín.

En los conciertos no me enteré demasiado de las cosas que sucedían encima del escenario. Sin embargo, hubo un grupo que me fascinó. No es que me enamorasen, pero sin duda alguna no me dejaron indiferentes: Los Punsetes. La interpretación de la cantante, Ariadna, me dejó patidifuso: la misma capacidad de movimiento que la de una viga de hormigón. Imperturbable, miraba hacia el vacío, el único dinamismo que salía de su cuerpo se localizaba en la boca. En mi cabeza se amontonaban imágenes intentando buscar un símil a tal fenómeno: una muñeca hinchable con la boca controlada por un ventrílocuo, una máquina de feria con una bruja gitana en su interior, una estatua endemoniada por el espíritu de una cantante maldita. Como ya digo, aquella fascinación trascendía a cualquier deseo sexual o amoroso: era simplemente quedar admirado por la majestuosidad propia de un espectáculo de la naturaleza, como el despliegue de la cola de un pavo real o la potencia de un géiser.

Una vez llegada la sesión DJ, cual fue mi sorpresa al enterarme que la cantante se encontraba a escasos centímetros de nuestro grupo. Estaba de espaldas, otra vez imperturbable, presumiblemente recibiendo las coñas de su círculo por su estatismo en un oceáno de cuerpos con miembros descontrolados. En esto, ejecuta por primera vez un movimiento que no hace más que agigantar mi fascinación: se desliza hacia abajo como una serpiente, una especie de rápido y frenético bamboleo para después ascender por el mismo recorrido y recuperar en un abrir y cerrar de ojos la posición original. Todo esto con los brazos rígidos, tal cual como en el escenario. Intenté dejar de mirarla para no parecer un fan histérico, pero sólo las canciones que de verdad me enloquecen me apartaron de su figura.

En fin, pues ahí me encontraba yo, con este pequeño atrapamiento, incapaz de dirigirme hacia ella. Pensé en pedirle una foto pero…¿para qué? Acababa de conocer sus canciones, admiraba su particular modo de interpretarlas y su excentricidad, pero tampoco era algo que me volvía sumamente loco. Además, sería un momento bastante incómodo para ambos. Le comenté a Alicia mi admiración y mi temor a pedirle una foto y como si fuera el clásico amigo parado, allá fue ella a pedirle una foto con la cámara del móvil. Intenté excusarme pero daba igual: sacó la foto y ella permaneció, como siempre, quieta. Y aquí acaba toda la fascinación que me inspiró esta mujer/objeto (expresión despojada en este contexto de su connotación negativa) durante unas horas. El fanatismo histérico se quedó corto en esta ocasión (menos mal).


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