Archivar como 23 enero 2012

Manbaridades (II)

enero 23, 2012

Previously on Manbaridades:

- Entrevista de trabajo

Grandes ideas yankis

enero 20, 2012

La noticia ha pillado por sorpresa a muchos (entre los que me incluyo) y lleva inevitablemente a la reflexión sobre esta época del ‘todo-gratis’ de la que nos estamos aprovechando. Más allá de las implicaciones que lleva sobre cuestiones de censura, libre intercambio de datos, el poderoso control al que estamos sometidos por las multinacionales, etc, etc (todas ellas bien explicadas en otros blogs y fútiles panegíricos filotecnológicos), hablo en plata sobre lo que nos afecta directamente a muchos: la descarga de películas, series, cómics, libros o música.

Indudablemente, plataformas como Megaupload sirven para obtener de la manera más rápida y cómoda posible productos como series de la TV yanki a su ritmo de emisión normal, sin estar sometidos a esperas de meses y a unos doblajes en su mayoría desafortunados. Además, permite que el internauta tenga el número de series que quiera y cuando quiera. El cierre de Megaupload, Megavideo y demás Megas no deja de ser un toque de atención, porque una regulación caduca con medidas anticuadas no puede detener cuestiones de dimensiones tan mastodónticas como la descarga de cultura por Internet -como cuando se secuestró la portada de El Jueves con los príncipes fuchicando, menuda gilichorrez-.

¿Y ahora qué? No sé si Megaupload volverá con otra fachada o seguirán cayendo los portales de intercambio de ficheros como moscas. Por mi parte, yo creo que un gran número de usuarios estamos dispuestos a pagar una cifra razonable de dinero -como ya lo estábamos con cuentas premium- para conseguir productos como series de televisión. El miedito es que probablemente no se imponga ninguna cifra razonable. De hecho, soy consciente de que ya existen portales con este sistema para obtener películas, pero de momento no ofrecen contenidos que me interesen y -tampoco seré hipócrita- en algunos casos consigo gratis. Porque me gusta invertir dinero en cultura, pero si no puedo generar dinero -eso es otro cantar- pues me aprovecho de los vicios del sistema de vez en cuando.

A falta de licorerías, pajarerías.

La insoportable gravedad de la concha azul

enero 16, 2012

Tengo de tó

“A ver, chaval…Creo que tu limitada mente es incapaz de comprender que el Mario Kart es una puta alegoría del mundo en qué vivimos… Mira, en la vida hay muchos tipos de personas, los hay con carisma como Bowser, gente débil como la princesa, o bichos raros como Yoshi. (…) El caso es que la vida es como una puta carrera de Mario Kart tienes que llegar a la meta en tres vueltas: tres mismos escenarios que se van a repetir en distintas circunstancias. A veces te toca con una gente, a veces te toca con otra, pero siempre va a ocurrir algo distinto. Conchas, bananas, cajas sorpresa… A veces puedes triunfar en la vida, te puede tocar tres champiñones, una estrella y sacar diez segundos de ventaja al otro… pero a veces puede venir un hijo de puta y lanzarte una concha azul e irte a tomar por culo. La vida es así, Álex, a veces triunfas, a veces fracasas, es como una puta carrera de Mario Kart, todo depende de lo rápido que seas y de tu suerte y de la de los otros.”

Honor Mansillado (Santiago DC, 2007)

Hace tiempo que hice mi elección y es difícil cambiar de bando: soy de Nintendo. Y entre las muchas aventuras de esta compañía que me han robado tiempo y mi corazón, el Mario Kart sin duda es el juego que más me ha dejado marcado. Más allá de una alegoría de la vida, creo que esta saga se encuentra entre los mejores juegos de la historia, sin miedo a equivocarme. Los detractores -si es que queda alguno en la sala- apelan a argumentos tan superficiales como su estética infantil, escasa dificultad y evolución en sus entregas. Aunque el fanatismo siempre ciega la objetividad, creo que todos los defectos indicados son rebatibles y no se pueden medir con una saga que destila jugabilidad en todo momento y ofrece una igualdad de oportunidades difícilmente comparable a otros videjuegos de competición. Porque el elemento de azar materializado en los distintos objetos, permiten que hasta el jugador novato pueda plantarle cara al más experto de Japón.

Distintos pasajes de mi vida se traducen por partidas de Mario Kart: mi primer afeitado fue el primer día que jugué el Mario Kart de la GBA, las tardes en casa de mi prima Elena jugando a las batallas de globos del MK64, las infinitas y gozosas competiciones con mis amigos Rubén, Quique, Álvaro, Xabi y demás en el inigualable MK de la Gamecube; las noches en mi piso universitario de tercero con el de la Wii… No me considero ni mucho menos un crack absoluto (las partidas online de las últimas entregas me han confirmado la existencia de verdaderos maestros y enfermos al volante), pero el volumen de horas invertido en este juego hacen que generalmente tenga más control a la hora de levantar el asfalto. En todo el tiempo dedicado he propinado palizones, ganado con victorias épicas, sufrido derrotas dolorosas, competido en contrarrelojes al límite… Realmente, es un juego que me ha conquistado.

En muchas ocasiones he intentado rendirle un tributo: el monólogo de Honor Mansillado, un intento de blog para hablar de mis personajes y circuitos favoritos u opiniones sobre las distintas entregas… Nunca he logrado traducir con hechos ni con palabras lo agradecido que le estoy a este juego. Con esta entrada se suma otra contribución a estos pequeños halagos que voy soltando. Y nunca se sabe, tal vez cuando llegue nuestra última hora, puede que surja un camino de arco iris que nos lleve a la meta final…

La Solución Final al Desempleo

enero 11, 2012

ANTONIO SEPÚLVEDA | Madrid

Juan se ajusta la corbata frente al espejo, la misma que había llevado en su acto de licenciatura. Se frota los ojos, adormecidos tras la fiesta de despedida de la noche anterior. Después de intentar domar los mechones más rebeldes de su cabello, acude a la cocina para despedirse por última vez de sus padres. “Es extraño”- confiesa el joven – “pero creo que estoy preparado para lo que me espera, no siento miedo”. Juan, como muchos otros jóvenes, acude a su última visita al paro.

“La gente ha cambiado, parece que hemos perdido atisbo de toda cordura” reflexiona Jorge Suárez, actual portavoz del PSOE, un partido relegado ahora a tercer plano. “En 2012 se creía que la crisis tendría que empezar a remitir, y no fue así. Ahora, treinta años más tarde, la desilusión se encuentra en todas las esquinas, cuando no debería ser así. Ni la experiencia republicana que tanto ansiaba una parte de la población española, ni la desaparición del bipartidismo en el Parlamento. No queda ilusión, sólo resignación”.

Juan sale del portal completamente trajeado. La gente de la calle lo observa, sabiendo cuál es su destino. Después de finalizar dos carreras, Comunicación Audiovisual y Filología Hispánica, ha estado dos años formando parte de las listas del paro. Hasta hoy. En ningún momento le han flaqueado las fuerzas, es de los pocos jóvenes que acepta sin problemas la medida adoptada por el Gobierno. “Es lo que toca”, comenta Juan, “prefiero marcharme de pie que trabajar de rodillas”.

“Es una ley controvertida, no cabe duda”, apunta el ministro de Presidencia Rodrigo de Paz, de UPyD, “pero al observar el descenso de la tasa de desempleo y también el del número de suicidios, es la mejor decisión que pudo adoptar el Gobierno”. La bautizada medida como Paro de Muerte, que obliga a aquellos desempleados con más de dos años en las listas del INEM a su ejecución en su respectivo distrito, no ha levantado tantas ampollas como lo haría en un pasado reciente. “En tiempos desesperados, medidas desesperadas. La gente sólo quiere tranquilidad y que la cosa se solucione, a cualquier precio”, señala de Paz, “Viendo los resultados positivos de esta ley, estamos incluso estudiándola como alternativa al recorte de pensiones para las personas de la tercera edad”.

¿No hay manera de escapar de esta muerte? Muchas empresas se han beneficiado de esta situación extrema contratando becarios con contratos muy alejados del salario mínimo interprofesional, con pactos que escapan del control del Ministerio de Trabajo. “Con trabajo o sin él, me encuentro condenado igual” reflexiona Juan, a escasos metros de la oficina del INEM. Le preguntamos si sabe cómo va a terminar su contrato vital. “He leído en un foro que no es para tanto, se trata simplemente de una estancia para diez personas donde te vas quedando dormido. Como lo he estado tanto tiempo desde que he acabado mis estudios”. Juan se despide, y sustituye un sueño roto por otro eterno. Como otro parado más.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.