Archivos de la categoría ‘Mitología’

Materia de Universi…d’oh!

noviembre 13, 2012

De los muchos agujeros e incongruencias que se podían encontrar en el plan de estudios de nuestra promoción de Comunicación Audiovisual, hay un olvido imperdonable que no creo que muchos académicos compartiesen conmigo, pero que considero casi esencial. Estudiamos un poco el tema de pasada en Teoría e Historia de los Géneros en Cine, Radio y Televisión, aunque para lo que me refiero necesitaríamos más bien una materia tipo Análisis de la ficción seriada de la TV estadounidense, una tapadera espléndida para dar clase exclusivamente de una serie: Los Simpson.

Desde que se estrenó como corto animado de The Tracey Ullman Show en 1987 hasta la actualidad, la serie ha tenido de todo. Mis primeros visionados fueron capítulos grabados de La 2 en una cinta VHS de varios dibujos animados que vería una y otra y otra vez (adelantándome a la política de los programadores de Antena 3), de los que recuerdo Bart, el genio (¡estáis asfixiando mi creatividad!), Hogar, agridulce hogar (¡no le corrijas, Brut!), Krusty entra en chirona (si cada día que me dices adiós, muero un poquito…) y El blues de la Mona Lisa (el blues del jamón que jamás pude jamar), que para alimentar traumas infantiles estaba cortado cuando le quedaban tres minutos al capítulo. Después de asentar este poso de entrega total, comenzaron las emisiones vespertinas de Antena 3 justo después de Alta Tensión con Constantino Romero, la comercialización de VHS recopilando varios capítulos y finalmente las dobles emisiones en horario de mediodía, lo que se traduce en años y años de fiel visionado.

Eso sí, dentro de mi fanatismo por la serie, tengo que confesar que como muchos otros hace varias temporadas he dejado de seguir sus nuevas aventuras, y en el eterno debate de si es que Los Simpson ya no son lo que eran o, tal vez, nosotros no seamos los espectadores que éramos, me inclino a que el nivel de la serie ha sufrido un desgaste lógico tras tanto tiempo en antena que hace que no brille como en su época más dorada.

Algunos se preguntarán, ¿y por qué Los Simpson y no otra serie como para dedicarle una materia en exclusiva? Tanto por extensión (a día de hoy, 24 temporadas ininterrumpidas en antena) como por la calidad alcanzada durante una época gloriosa de la serie (que muchos sitúan en los capítulos que van de la cuarta a la octava temporada) es una referencia obligada en televisión. Así mismo, podría considerarse como una enorme enciclopedia de referencias culturales del siglo XX, porque el número de guiños a películas, libros, personajes públicos, eventos históricos, etc.; resulta difícil de cifrar a lo largo de más de 500 capítulos. Y porque si bien Los Simpson cuentan con antecedentes claros, como es el caso de Los Picapiedra (del que un colega afirma que sufre constantes fusilamientos, como la trama de un capítulo en el que Pedro le regala a Wilma una bola para los bolos), la familia amarilla es el faro de la animación televisiva, tanto para adultos como pequeños, alumbrando pasado, presente y futuro. Incluso otra serie contemporánea suya que no deja títere con cabeza, South Park, ha rendido homenaje a la cantidad de tramas geniales de Los Simpson, bromeando con la incapacidad de generar historias que no haya vivido ya el clan de Springfield, con el capítulo Simpsons Already Did It.

Pero es que esta serie como materia de estudio daría lugar a inagotables cuestiones: fenómenos culturales como los que se producen en YouTube, donde en los comentarios entre fans del doblaje latino y el castellano acaban siempre en enzarzadas disputas con el colonialismo de fondo; también cómo la muerte del doblador español de Homer (Carlos Revilla, nunca te olvidaremos) supuso también la pérdida de calidad de los argumentos de la serie (curioso caso digno de debatir); la evolución que ha sufrido su animación desde sus comienzos hasta su salto a la pantalla grande; la creación de un universo diegético tan vasto e inigualable como Springfield, donde estereotipos como el tonto del pueblo, el alcalde corrupto, el magnate malévolo, la profesora solterona, los malotes del barrio, el malhumorado dueño del bar o el vecino santurrón adquieren con el tiempo unas dimensiones inconcebibles en otras series. Y porque no entramos a analizar brillantes capítulos, que merecerían páginas de comentarios: la dupla de Connan O’Brien (Marge contra el monorrail y Homer va a la Universidad), ¿Quién disparó al señor Burns?, El enemigo de Homer, El cabo del miedo, Rosebud, los especiales de Halloween… Y la larga lista de inolvidables gags y coletillas pronunciadas por muchos de nosotros cuando nos encontramos con otros apasionados (y que sirvió de inspiración para este sobrecogedor y maravilloso cómic breve de Rebecca Sugar)… En definitiva, si esto no es carne digna de estudio académico en el plano audiovisual, yo no sé qué puede serlo.

Joróbate, Flanders.

La insoportable gravedad de la concha azul

enero 16, 2012

Tengo de tó

“A ver, chaval…Creo que tu limitada mente es incapaz de comprender que el Mario Kart es una puta alegoría del mundo en qué vivimos… Mira, en la vida hay muchos tipos de personas, los hay con carisma como Bowser, gente débil como la princesa, o bichos raros como Yoshi. (…) El caso es que la vida es como una puta carrera de Mario Kart tienes que llegar a la meta en tres vueltas: tres mismos escenarios que se van a repetir en distintas circunstancias. A veces te toca con una gente, a veces te toca con otra, pero siempre va a ocurrir algo distinto. Conchas, bananas, cajas sorpresa… A veces puedes triunfar en la vida, te puede tocar tres champiñones, una estrella y sacar diez segundos de ventaja al otro… pero a veces puede venir un hijo de puta y lanzarte una concha azul e irte a tomar por culo. La vida es así, Álex, a veces triunfas, a veces fracasas, es como una puta carrera de Mario Kart, todo depende de lo rápido que seas y de tu suerte y de la de los otros.”

Honor Mansillado (Santiago DC, 2007)

Hace tiempo que hice mi elección y es difícil cambiar de bando: soy de Nintendo. Y entre las muchas aventuras de esta compañía que me han robado tiempo y mi corazón, el Mario Kart sin duda es el juego que más me ha dejado marcado. Más allá de una alegoría de la vida, creo que esta saga se encuentra entre los mejores juegos de la historia, sin miedo a equivocarme. Los detractores -si es que queda alguno en la sala- apelan a argumentos tan superficiales como su estética infantil, escasa dificultad y evolución en sus entregas. Aunque el fanatismo siempre ciega la objetividad, creo que todos los defectos indicados son rebatibles y no se pueden medir con una saga que destila jugabilidad en todo momento y ofrece una igualdad de oportunidades difícilmente comparable a otros videjuegos de competición. Porque el elemento de azar materializado en los distintos objetos, permiten que hasta el jugador novato pueda plantarle cara al más experto de Japón.

Distintos pasajes de mi vida se traducen por partidas de Mario Kart: mi primer afeitado fue el primer día que jugué el Mario Kart de la GBA, las tardes en casa de mi prima Elena jugando a las batallas de globos del MK64, las infinitas y gozosas competiciones con mis amigos Rubén, Quique, Álvaro, Xabi y demás en el inigualable MK de la Gamecube; las noches en mi piso universitario de tercero con el de la Wii… No me considero ni mucho menos un crack absoluto (las partidas online de las últimas entregas me han confirmado la existencia de verdaderos maestros y enfermos al volante), pero el volumen de horas invertido en este juego hacen que generalmente tenga más control a la hora de levantar el asfalto. En todo el tiempo dedicado he propinado palizones, ganado con victorias épicas, sufrido derrotas dolorosas, competido en contrarrelojes al límite… Realmente, es un juego que me ha conquistado.

En muchas ocasiones he intentado rendirle un tributo: el monólogo de Honor Mansillado, un intento de blog para hablar de mis personajes y circuitos favoritos u opiniones sobre las distintas entregas… Nunca he logrado traducir con hechos ni con palabras lo agradecido que le estoy a este juego. Con esta entrada se suma otra contribución a estos pequeños halagos que voy soltando. Y nunca se sabe, tal vez cuando llegue nuestra última hora, puede que surja un camino de arco iris que nos lleve a la meta final…

¡No me animes!

mayo 5, 2011

Arrancar un personaje de ficción de sus estáticas viñetas para insuflarle vida a través de la animación es una proeza muy arriesgada. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. La presión de no dañar el ego de sus autores originales es muy grande, pero la presión de respetar a legiones de fans entregados a las aventuras de su héroe favorito es casi inconcebible. Como productor tienes que tener muchas ganas de ganar pasta arriesgándote a que se te echen encima a la mínima. Como animador o director, el reto va más allá, no sólo es por la pasta, va por el ARTE en mayúsculas.

Los años 60 eran otros tiempos. No existía Internet, los fans no tenían conciencia como masa con poder, el feedback se reducía a saturar las editoriales de cartas, dónde va a parar. Muy remota era la posibilidad de ejercer una presión similar a la de nuestros tiempos, donde es posible incluso resucitar series canceladas- véase Family Guy o Futurama-. Si no, es inexplicable, a pesar del encanto y la magia de lo cutre, que pudiesen existir sobre la faz de este mundo dos series que son santo de mi devoción: Batman de 1966 y la serie animada de Spiderman de 1967.

Existen entre ambas producciones muchos puntos en común: se tratan de series para televisión sobre superhéroes de cómics. Y el más evidente: el único parecido que tienen con la obra original son los personajes, punto. El espíritu se encuentra traicionado, la dignidad ultrajada. Como adaptación, el resultado es un despropósito. Pero, ¿por qué exactamente?

La adaptación de un cómic al audiovisual entraña muchos riesgos: tienes que dotar de movimiento unas aventuras hasta el momentos condenadas al estatismo, elegir unos rasgos que no existen en el cómic (voz en el caso de la animación, además de un físico en el caso de adaptar al plano de la realidad)… Complicado conseguir el beneplácito de los fans contando con recursos económicos, misión imposible si no es así. Aunque también hay que tener en cuenta que los primeros números de estos superhéroes están bastante alejados de la psicología profunda y madura que subyace en los guiones de Mark Millar o las adaptaciones cinematográficas de Christopher Nolan, todo hay que decirlo. El trasfondo de inculcar buenos valores y un sentido de la justicia a través de personajes con mallas impresos a cuatro colores, aunque fuese ganando en cantidad y calidad con los años, está presente.

La serie de Batman (1966-1968) tenía el doble reto de ser una adaptación audiovisual y además en carne y hueso, obligando a realizar una puesta escena real de la Batcueva, todo su arsenal tecnológico y demás gadgets, amén de la larga lista de enemigos como Joker o Enigma. Esta dificultad de trasladar elemento del papel a la pequeña pantalla ya se manifiesta en el episodio piloto. Detalles ya míticos de esta serie son los clásicos momentos de Batman y Robin escalando por las paredes (en una viñeta no llama tanto la atención ver a dos hombretones disfrazados, pero en un plano de medio minuto queda un tanto risible) o las peleas donde los puñetazos se combinaban con onomatopeyas impresas en la imagen junto con trompetazos. La fantasía del cómic se transformaba aquí en una estética camp (exagerada, banal, artificial hasta rozar lo atractivo) con escenarios saturados de colores chillones y personajes con una psicología totalmente plana hasta rozar el absurdo (como la incondicional fe del dúo en la ley y las autoridades: en el episodio piloto, Robin no puede acompañar a Batman en una discoteca porque es menor de edad).

Por otra parte, la serie de Spiderman resulta defectuosa en su adaptación por otras causas. Esta primera serie animada sobre este personaje (1967-1970) fue una coproducción de EEUU y Canadá que contó a partir de su segunda y tercera temporada con la participación de Ralph Bashki, un sello de animación inconfundible, como demuestran sus adaptaciones de Fritz the Cat o El Señor de los Anillos. Así como en Batman su buque insignia era la estética camp, aquí lo es la chapuza de su animación. Puedo comprender que no contasen con muchos recursos económicos y que la animación en aquella época fuese muy difícil, pero el descarado reciclaje de animaciones y los aberrantes fallos anatómicos entre plano y plano son escandalosos hasta sumergirse en lo cutre. En el nivel narrativo tampoco está demasiado trabajado: el primer capítulo de la segunda temporada, basado en el cómic original que inauguró sus aventuras, un tercio del tiempo consiste en repeticiones de Peter Parker descubriendo su nueva personalidad y saltando de un lado para otro sin ton ni son. En otros capítulos, no es extraño encontrarse con el hombre araña recibiendo golpes, siendo atrapado una y otra vez, entre otros desfalcos.

Estas dos series, a pesar de todas las catástrofes que presentan, hacen de sus defectos una virtud, puesto que su encanto nace de su ingenuidad y candidez. Seguramente muchos fans de estos superhéroes no les tengan manía a este par de producciones, porque no son sus Spiderman y Batman, si no los Spiderman y Batman de la TV de los 60. Ahora bien, en estos tiempos, a la hora de adaptar personajes de cómics, hay que andar con mucho ojo (véase Dragon Ball).

Que alguna distribuidora se anime a comercializar los DVDs de estas series: tienen potencial.

¡Era todo un artifisio!

Contra Cuánto Cabrón

abril 19, 2011

Desde que allá por 2003 tengo conexión a Internet, una de mis constantes ha sido entretenerme con contenidos graciosos. ¡Qué lejos quedan mis visitas a Tonterías.com para buscar fotos y textos graciosos o a los vídeos de El Rellano! De aquellas no concebía el tremendo potencial de Internet y siempre visitaba las mismas webs como quien acude al bar de siempre porque allí se siente cómodo.

A medida que me hacía mayor, iba explorando por Internet, guiado por otros usuarios inmersos en la red como Lex, hasta llegar a parajes insospechados. Internet estaba generando un tipo de humor nacido directamente de su seno, cosas que hasta el momento no existían. Y muchos de ellos se llamaban memes, y yo sin enterarme. Así se denominan los contenidos de todo tipo que se propagan de forma viral, la mayoría de ellos desconcertantes, absurdos e hilarantes. No podría enumerar ni siquiera todos los que yo conozco, que son una ínfima parte de los que existen, pero su encanto me apasionan. “Owned”, “Fail”, “O RLY?”… Tantos y tantos que no tienen fin. Por lo que sé, la mayoría de estas maravillas surgen de 4chan, entre otras en su oscurísima sección /b/, mientras que usuarios de otros foros como Media Vida recogen las imágenes para el disfrute de su comunidad.

Han pasado 8 años, he crecido y también el número de webs dedicadas al humor. Y lo que es más importante, han surgido las redes sociales y han sacudido los hábitos de la mayoría de los internautas. Relacionando esto con el humor, me gustaría citar dos ejemplos muy característicos que casi todos conoceréis y habréis visitado alguna vez: los grupos de Facebook y Cuánto Cabrón.

Los grupos de fans de Facebook son una herramienta concebida para promocionar todo tipo de marcas y productos a los usuarios de dicha red social. Sin embargo, se le puede dar un uso totalmente improcedente y compartir con el resto de usuarios pequeñas fobias, placeres o anécdotas triviales de nuestra vida diaria, chascarrillos, juegos de palabras, sentencias graciosas o sinsentidos varios. El caso más archipopular y autóctono han sido las “Señoras que…”, un boom que vivimos desde mediados del 2009 y algunos intentaron la valiente tarea de hacerse fan de todas, por ridículo que resultase.

El otro caso que me ha motivado a escribir esta entrada ha sido un subportal de los que encabeza Asco de Vida: Cuánto Cabrón, un ya no tan reciente portal que se ha perfilado en España como la referencia a la hora de idear, recoger y exponer todos los memes referidos a las faces. A estas alturas del juego, también conoceréis estas pequeñas historietas que suelen terminar con un Cool Face, FFFFFUUU’s, Fuck Yea y demás. Y algunas creadas exclusivamente para el sitio realmente tienen mucho mérito.

Saco el hacha: Cuánto Cabrón se ha convertido en un portal regentado y gobernado sobre todo para y por estudiantes (más de instituto y escuela que de universidad, por lo que se intuye) donde en sus comienzos tenía cierto gracejo porque se encargaban de españolizar (o simplemente recoger o traducir) muchas historietas de todos estos memes. No soy un usuario habitual, pero las veces que entro se nota que el filtro se ha roto y se ha convertido en un todo-vale donde hacen un uso abusivo de los memes en cada historieta hasta que detrás de cada rostro, carismático como él solo, se ha quedado vacío. En mi rabieta infantil e inexplicable (porque los memes, memes son), entiendo un poco mejor a Walter Benjamin cuando se puso todo farruco y derrotista al tratar la pérdida del aura en la obra de arte contemporánea, cuando se pierde ese halo oculto y misterioso por la experiencia de la distancia, la unicidad de la obra de arte.

Dicho esto, soy consciente de que ya no en Internet en sí, si no en el propio Facebook y en las páginas que visito hay muchas cosas insalvables dentro de este humor que otros verán como una pérdida de tiempo (ahí no me meto, es MI pérdida de tiempo), pero la escritura de esta entrada está motivada por la vulgarización específica que se hace de los meme faces en Cuánto Cabrón.

Me da pena porque Cuánto Cabrón, después de la oportunidad de dar a la conocer los meme faces al público español, también les da su oportunidad para destruir su encanto y acumular a discreción chorradas sin sentido que no hacen más que provocar saturación y hartazgo. Mi actitud no es la desconcertante postura de cabreo por perder la exclusividad de algo que ahora es más “comercial”, como hacen algunos con ciertos directores de cine o grupos de música. En mis páginas de siempre y ámbito personal gozaré de mis memes, pero no con Cuánto Cabrón, con sus adaptaciones de chistes en tiras pobladas inexplicablemente de caretos, historietas sin gracias y otros asuntos plasmados con más gracia y acierto en grupos de Facebook.

Seguramente, los que no me conozcáis muy bien, pensarán al leer esta entrada “menudo friki”. A estas alturas, con tanta gente enganchada a estos grupos de Facebook, a visitar estas páginas chorras, a la descarga enfermiza de series y demás, yo digo: “Quien esté libre de frikismo, que sea el primero en cerrar sesión”

Discos: Raphael 50 años después

mayo 30, 2010

Las voces más grandes todavía siguen resonando a través de los tiempos y España puede presumir de tener una cantera de órdago. Aunque el tiempo pase, los grandes perviven en la memoria y alguno de ellos no se dan por vencidos en su particular pulso contra la parca. Como algunas canciones son capaces de elevarte hasta el cielo y sentir en tus manos el poder cósmico, Raphael ha decidido quedarse con las estrellas y pedirle  un poco de su polvo estelar para hacer posible este disco que es pura magia. Veinte temazos donde se conjugan todo tipo de astros- desde Ana Torroja hasta Carlos Baute, pasando por Alaska y Víctor Manuel-para que la voz del ruiseñor de Linares lea su carta astral y nos permita a todos alcanzar las más altas cotas de paroxismo orgásmico. Si eres de los que todavía cuentan con una mente cerrada incapaz de dejarse embriagar por los medios tonos de esta leyenda viva de la música, es el momento de que dejes la puerta abierta.

Venga va, un 8,75

La verdadera historia del Keyboard Cat

diciembre 8, 2009

Después de un arduo ejercicio de investigación- poner ‘fatso keyboard cat’ en Google-, una web me ha revelado por fin los datos necesarios para comprender el porqué del fenómeno donde un simpático gato pianista play him offeaba los vídeos de hostias de YouTube. Pero más allá de ese fenómeno, me interesaba más el origen de este prodigio felino y de la mente que concibió tal filón. Encended el Condensador de Fluzo, nos vamos hacia el final de la década de los ochenta.

Charlie Schmidt

No sé si os da mal rollo el tipo de la imagen, pero a mí bastante. Se trata de Charlie Schmidt, un comediante de EEUU de aquella época prodigiosa donde todo maravillaba y sigue maravillando. Ahora llega lo más acojonante del asunto: este hombre era famoso básicamente por su habilidad de mover la nariz cantando canciones de Tom Jones. Como lo oís. Si no me creéis, dentro vídeo:

Una vez conocido a este individuo y sus habilidades artísticas, más aumentaba mi preocupación por el pobre minino ante semejante psicópata. Pues bien, a Charlie le gustan los gatos y sobre todo su mascota ‘Fatso’. En aquella época de desenfreno y locura, decidió grabar a su gato Fatso utilizándolo como marioneta frente a un teclado. El resultado es bastante gracioso, pero la sospechosa tranquilidad de este felino separa a los internautas: algunos ven esto como una genialidad y otros como una crueldad. Me encontraba en el primer grupo hasta que descubrí los credenciales de el individuo que ideó esto, ahora temo por el gato. Fatso, que se ha ganado la inmortalidad desde su llegada a Internet, dejó este mundo en el año 2000, esperemos que lejos de las artimañas de su dueño.

Total Eclipse of Keyboard Cat

Y bueno, ahora llega la parte con menos chicha, pero ya que saqué el tema, habrá que terminarlo. Charlie redescubrió el VHS con la grabación de su minino en 2007, por lo que decidió compartir su magia con el resto de usuarios de YouTube. Un par de años más tarde, un joven texano de 23 años llamado Brad O’Farrel al ver el vídeo marcó el patrón a seguir. Decidió mezclar con la ternura y simpatía del gatito un vídeo realmente horrible para provocar la risa con esa oposición. El otro vídeo era radicalmente distinto: una grabación por móvil donde se ve a un par de minusválidos que bajan con sus sillas de ruedas por las escaleras mecánicas de un centro comercial. La primera de ellos lo hace con destreza, el segundo no tiene tanta fortuna y se cae hacia atrás por las escaleras dando una serie de vueltas de campana- este vídeo ahora mismo ya no se encuentra en YouTube-. En fin, una idea un tanto controvertida, pero que luego derivó en todo tipo de mezclas menos heavys, donde Fatso pone la nota alegre al asunto.

Disfrutadlo y no dejéis que quede en el olvido:

Carne de Biopic: Ugio Caamanho

diciembre 4, 2009

Lenda viva

Non teño ningún problema á hora de escribir en galego. Se non o fago é porque, por moito que lle pese á miña nai, educoume en castelán e desenvólvome moito mellor nesa lingua. Porén, son capaz de ter certo dominio sobre ámbalas dúas, quizais máis nunha que noutra.

O caso non é este, senón o tema a tratar. Hai certos personaxes que espertan en min un inusitado interese e se puidese levaría a súa vida (parte dela, máis ben) á gran pantalla. E se hoxe emprego a lingua galega é polo personaxe protagonista: Ugio Caamanho. Fai pouco apareceron uns cartaces por todo Santiago de Compostela, onde unha frase de Malcolm X advirte do perigo manipulador dos medios de comunicación, en referencia por como se tratou inxustamente a este rapaz.

O meu post vai rematar aquí pola miña parte. Só quero que saibades que a historia que o levou ó cárcere paréceme digna de película, e aquí adxunto fragmentos da peripecia. E, a súa vez, súmome a incompresión de semellante condena por tales feitos. Ollo ó dato.

Colocou vostede a bomba?“, cuestionoulle o letrado. “Coloqueina“, replicou rapidamente o mozo, quen, porén, matizou que o seu obxectivo non era causar vítimas. “Non tiña intención de facer dano a naide, coloquei un cartel xunto ó explosivo que dicía ‘Perigo bomba. Non tocar’“. Caamaño foi detido pola Policía antes de que o seu artefacto explosionase. Nese sentido, o independentista relatou que, no mesmo momento do seu arresto, identificouse ante os axentes co seu nome real e alertou do lugar no que colocara a bomba e o tempo que restaba -”unha hora e 20 minutos“- para a explosión.

O rapaz levou a cabo a súa acción oculto baixo unha gorra e unha perruca e utilizou un coche de marca Citroën modelo Saxo color gris que foi robado a punta de coitelo o 14 de marzo de 2005 por dúas persoas que non foron identificadas. Caamanho explicou que o auto deixoullo un amigo e que descoñecía que fose roubado, mentres que, sobre o disfrace, xustificouse alegando a súa intención de non ser identificado. “Non quería que me recoñecesen, xa me detiveron outras veces mentres ía pola rúa“, dixo.

En canto á participación de Giana Rodríguez -tamén membro de AMI-, a fiscal pide para ela 19 anos de prisión polos delitos de estragos (15 anos) e utilización ilexítima de vehículos (4 anos). Aínda así, Caamanho exculpou hoxe durante a súa declaración á súa compañera. “Atopeima polo camiño e intentei desfacerme dela para que non estivese comigo nese intre, ó final desfíxenme dela ó chegar á Praza de Galicia e cercioreime de que a perdera de vista“, explicou ante o tribunal presidido polo xuíz Javier Martínez Lázaro.

Minutos despois, Giana Rodríguez reiterou as palabras do seu compañeiro ó lembrar, a preguntas da fiscal e do seu avogado, cómo se atopou con Caamanho pola rúa ese día. “Eu viña de durmir na casa dunha amiga, non estiven con el nin dous minutos, costoume un pouco recoñecelo, vacileino un pouco e lle preguntei onde ía, pero non mo contou, tan só me dicía que tiña présa, que non se podía parar e que marchase“, detallou a rapaza, quen tamén foi detida co DNI doutra persoa nunha estación de tren unha hora despois da explosión.

Fonte: El Correo Gallego

Balance de ‘Nino Bravo, el musical’

noviembre 14, 2009

Ligero equipaje para tan largo viaje

Aunque no me considere fan acérrimo, he de decir que sin embargo me siento simpatizante acérrimo de cuatro de las voces más poderosas del panorama nacional: Camilo Sesto, Raphael, Julio Iglesias y, cómo no, Nino Bravo. Con este precedente, era de cajón que a la mínima oportunidad que se me presentase iba a acudir a algún acto que tuviese como protagonista a alguno de estos Ases. Ya fui en su momento al concierto de Raphael en Riazor y hoy se presentaba un espectáculo deslumbrante: ‘Nino Bravo, el musical’. Lex y yo acabamos de llegar a casa tras asistir al acto, y ahora que estoy en caliente llega el momento de relataros la experiencia.

Dos palabras: Epic Failure.

Citando la segunda definición de la palabra ‘musical’ en el Diccionario de la Real Academia Española, me encuentro con lo siguiente: ”Género teatral o cinematográfico de origen angloamericano, en que la acción se desarrolla con partes cantadas y bailadas”. Y eso es lo que todo el mundo entiende, o sea que la estafa ya se produce desde el nombre del espectáculo. Llámalo concierto homenaje o como quieras, pero ‘Nino Bravo, el musical’ no es un musical: son 19 canciones de Nino Bravo interpretadas por cuatro voces intercalando vídeos de testimonios que van desde José Luis Uribarri hasta Karina. Además, un vídeo resumen de tres minutos de la vida del artista, realizado con muy mala fortuna, para abrir boca.

Cantantes. Si vas a ver un musical sobre Nino Bravo te esperas escuchar voces vigorosas, potentes, con fuerza y carisma, no los gallos de un cantante de orquesta de segunda. Y tampoco te esperas voces femeninas más cercanas a un concurso televisivo de talentos interpretando esas letras. De los cuatro cantantes, personalmente sólo me agradó una de las dos voces masculinas. Y siendo honestos, las mejores canciones fueron aquellas en las que dejaron el vídeo de Nino Bravo en todo su esplendor, defendiendo la canción como sólo él puede, sin ser martirizada por un hatajo de aficionados.

Realización: vaya puta mierda. No hay más que decir. En serio, era para acercarse a la mesa del realizador al final del evento- por no llamarlo de otra manera-, pedirle el DVD de los vídeos de fondo para las canciones y ponerlo de ejemplo de lo que NO se debe hacer. Los PowerPoints de las cadenas de emails tienen mejor estética que eso. Un salón hecho por un aficionado amateur al 3D Max y los fondos de mares psicodélicos que acompañan a algunas canciones del karaoke Makumba son dos ejemplos de estos abortos visuales que hacían olvidarte de lo que sonaba en la sala. O el fondo de un Time Square nocturno mientras pasaban por encima enormes letras de colores chillones con palabras como “HABLAR”, “REIR”, “VIVIR”. Basura.

En definitiva, aunque todo el equipo se empeñaba en denigrar la imagen de Nino Bravo, el par de canciones dónde sonó su auténtica voz evitó el desastre total. Y la fuerza de la letra ‘Al partir un beso y una flor’ que tuvo un bis cantado por el público impidió el fiasco. Para los fans de Nino Bravo, con total sinceridad, recomiendo mejor una noche escuchando sus canciones a asistir a este espectáculo. Él sigue vivo, aunque algunos se empeñen en matarlo.

Bravo, Nino

¿Quién engulló el pene de Urano?

noviembre 1, 2009

La mitología griega nos cuenta que al buenazo de Cronos le dio por cortarle la polla a Urano y arrojarla al mar. Un breve fragmento de la Wikipedia te explica mejor cómo fue el asunto:

“En el mito de la creación olímpico (…) Urano acudía cada noche a cubrir la tierra y unirse a Gea, pero odiaba los hijos que engendró (…). Urano encerró a los hijos menores de Gea en el Tártaro, el mundo de las profundidades y la oscuridad. Sin embargo Gea los amaba, así que talló una hoz de pedernal y pidió ayuda a sus hijos titanes para vengarse de Urano. Solo Cronos, el menor de ellos, estuvo dispuesto a cumplir con su obligación: emboscó a su padre y lo castró con la hoz, arrojando los genitales tras él. Al salpicar la sangre (o, según la versión, el semen) de éstos en la Tierra, surgieron los Gigantes (…), las Erinias (Furias vengadoras), las Melias (ninfas de los fresnos) y, según algunos autores, los Telquines”.

Entrada de Urano(Mitología), Wikipedia

Si ya es feo pegarle a un padre, que baje Dios y lo vea

Además, el semen mezclado con las corrientes y las olas del bravo mar produjo el nacimiento de Venus (Afrodita). Ahora bien, después de este hecho las cosas no quedan claras y existen muchas versiones sobre lo ocurrido: ¿qué pasó con el pene de Urano? ¿Se quedó flotando simplemente por el mar? ¿La Sirenita lo encontró y lo ocultó debajo de su cama para darse placer de vez en cuando? Brevemente pongo mi lista sobre los sospechosos de devorar el pene de Urano:

- Bear Grylls, acostumbrado a comer cuanta mierda haya por el mundo, en su peligrosa aventura en la desembocadura del Ebro, decidió hincarle el diente sin saber muy bien lo que era.

- Cronos, aburrido de comerse a sus hijos, volvió a la mar para recuperar el pene de su querido colega e iniciar su pasión por el Bratwurst.

- David Meca, con el logo de Plátanos de Canarias en su corazón y sus constantes retos de sucar los mares a lo loco, no resultaría extraño que sin querer se le metiese en la boca algo relacionado con el miembro viril de Urano (el semen por lo menos).

- El caníbal de Rotemburgo, pues eso.


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