
Buenas Lecturas
El otro día lo comentaba con el Hombre Mono: desgraciadamente, la lectura es un hábito que en nuestro entorno más inmediato ha decaído increíblemente. En su momento, se echó la culpa a la televisión como el Anticristo de la cultura; sin embargo, yo creo que a día de hoy ha hecho mucho más daño a la lectura Internet que la televisión en aquel entonces.
En el tiempo de ocio, como reveló el barómetro de junio del 2009 del CIS, casi el 40% de los españoles no lee nunca o casi nunca frente al poco más del 26% que lo hace. Y en esta encuesta el 63,7% opina que en España se lee poco, entre razones como las que no interesa la lectura, por falta de tiempo o porque prefieren emplear su tiempo en otro tipo de entretenimiento, respectivamente. Los españoles prefieren estar con la familia frente a la asistencia a actos culturales o hacer deportes, siguiendo en sus preferencias la lectura y la música.Para cerrar esta contextualización, cabe destacar que el género favorito es la novela histórica, la novela en general y la de aventuras, mientras que los cómics y los libros de teatro son los menos demandados.
Yo me encuentro en el grupo que opina que se lee poco porque no está entre las preferencias de la gente. Reconozco que mi afirmación es un tanto fanática, pero Internet roba, devora el tiempo para realizar otras actividades culturales, actualmente más que nunca con el ‘boom’ de las redes sociales, Facebook y Tuenti a la cabeza. Cada uno es libre de distribuir su tiempo como quiera y más o menos existe cierto autocontrol, pero lo cierto es que Internet abarca tanto y requiere tan poco esfuerzo que mucha gente nada más llegar a casa se pega a la pantalla y queda absorto como si estuviese enchufado en Matrix.
Aun más: antes de que Internet formase parte de nuestras vidas, nuestra generación pasaba el tiempo de diversas maneras que ahora mismo casi pertenecen a un pasado remoto. Por una parte, con la televisión de nuestra infancia con programas contenedores como Xabarín Club, Club Disney, Megatrix, Mucha Marcha, Más o Menos Multiplicado o Dividido…Vaya, no voy a enumerar todos los programas que se me vienen a la cabeza hasta día de hoy, pero probablemente muchos de esos contenidos ya estén cobijados y disponibles en la Red de Redes. A la hora de escuchar música, radio que te crió, casettes y CD’s; a día de hoy, Spotify, iPods y cultura de la gratuidad. Se jugaba al Pokémon en la Gameboy o al Final Fantasy en la PS2; aunque aun tenga tirón el sector de los videojuegos, en Internet se abren cada vez más hueco juegos flash com el FarmVille, Mafia Wars o Pet Society. Se iba al cine de vez en cuando y ahora se descarga religiosamente cuando te plazca. La lectura de revistas y magazines se sustituyen por blogs.
Y en este batiburrillo que metamorfosea los hábitos de consumo de productos audiovisuales, música y publicaciones varias, queda la cuestión de la literatura. Vale, se puede leer en Internet, pero no es lo mismo, por mucho que se empeñen, la lectura en pantalla de ordenador que en formato papel. Cansa bastante más a la vista y no te proporciona la misma comodidad que un libro. Soy consciente de que mis afirmaciones pueden ser rebatidas, pero creo que son bastante acertadas. Internet no ha permitido la permanencia del hábito de la lectura en nuestra generación como sí con la música, el cine o la televisión. Se lee en Internet, pero formatos muchos más cortos y no tan elaborados como antaño, salvo excepciones.
Soy el primero que reconoce que pasa casi todo su tiempo de ocio (incluso quitando el casi) frente a la pantalla del ordenador, visitando las Redes Sociales, blogs especializados en las series que me obsesionan, en blogs de curiosidades que me llevan a vídeos graciosos, en ediciones digitales de periódicos, en juegos flash como Gangster City o Plants VS Zombies, etc, etc, etc. Y me duele cuando me paro a pensar en eso y reconocer que no leo tanto como antaño. Y en su momento me dejaron fascinados libros como El Guardián entre el Centeno, Sostiene Pereira, El Mago, La Conjura de los Necios, La Naranja Mecánica, Factotum. Me convenzo de que este hábito no está perdido y cuando encuentre algo de tiempo entre las tareas urgentes que se acumulan, sacaré el desfibrilador y resucitaré ese montón de tiempo muerto que me dejo delante de la pantalla. Lo trágico es que ese tiempo está ya criando malvas y que en algún momento tendré que lugar para ir en busca del tiempo perdido.