La Haine

En estas fechas Navideñas, es tradición que toda la familia se reúna. Nosotros no podíamos ser menos, y acabamos reuniéndonos todos los miembros de la tribu en la cocina al lado de la lumbre para escucharnos los unos a los otros: mi hermana, mi madre, mi abuelo, la televisión y yo. Quizás mi abuelo podría contarnos la historia de su vida o yo comentar cómo me va la vida, pero acabamos sucumbiendo ante el hipnótico parlamento del televisor. Y coincidió que esta reunión se produjo el viernes noche, justo cuando Jorge Javier Vázquez, Belén Esteban y demás fauna se reúnen en Telecinco preparados para montar su chou.

He de decir que mi marujeo se limita a gente de mi alrededor, me gusta rumorear sobre personas que tengo a mi alcance, la prensa rosa me aborrece hasta el infinito…pero, sería un hipócrita si no reconozco que empecé a sentir cierto interés por un personaje de este subgénero periodístico. Todo comenzó en el retrete de mi hogar coruñés. Mientras hacía de vientre, necesitaba una lectura para amenizar el desarrollo de mi necesidad fisiológica…Y allí estaba el “Lecturas” con Belén Esteban y su nueva nariz en portada. La escandalosa cantidad de capas del Photoshop que le habían metido a la individua llamó mi atención, por lo que decidí leer el texto que acompañaba las imagénes. Era una lamida de culo en toda regla. Luego llegó lo de su aparición en televisión con el nuevo look. No lo vi en directo, pero sí los minutos iniciales por Internet con mi madre.

La susodicha portada

Y después de estos episodios de inusitado interés por la Esteban, se sumó la noche del 26. Se suponía que era un “debate” entre ella y Jaime Peñafiel, a raíz de que se tienen tirria mutua. Pero el asunto tenía poco de debate: se trataba de Belén Esteban escupiendo sin parar y de forma poco decorosa todo tipo de sentencias arrogantes, piques y provocaciones. El otro tipo se quedaba mudo, con sus pequeños ojitos, aunque sin inspirar nada de compasión. Hablaban de no se qué jeringuilla de la insulina en un vehículo de Telecinco y la tipa no paraba de decir ‘Peñainfiel’, además de soltar expresiones propias como ‘no mezclemos churras con meninas’. Estábamos todos absortos en este chou hasta que apareció una presencia maligna en pantalla…

FFFFFFFFFUUUUUUUUUU

Esa tremenda hija de puta. Dios, no podía tolerarlo. Su aparición me despertó del encantamiento en el que nos encontrábamos todos los presentes. Debajo de mi piel el odio se acumulaba, la rabia, la ira hacían que me imaginase una pistola en mis dedos, apuntando contra ella después de darle una buena tunda. Sé que todos estos sentimientos no dicen mucho de mí como buena persona, pero es que ese ser despreciable, repugnante, se encuentra en mi lista negra de individuos non gratos. No podía hacer nada salvo marchar de ahí, dejarme de interesar por toda esa piara, para no permitir que de nuevo una llamativa portada de prensa rosa me fascinase en el momento de evacuar heces. Le di un beso a toda mi familia y me marché a ver un par de capítulos de Battlestar Galactica.

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