Formateo

Restart

Tras muchas semanas sin pisar el inmueble que me vio crecer, me encuentro en mi habitación con un cambio apenas importante en lo práctico, pero transcendental en el fondo: el formateo del ordenador de sobremesa. Hacía ya varios años que estaba superpetado y para poder navegar por Internet necesitabas una espera mínima de 20 minutos. Con mi portátil o con el de mi hermana podía solucionar cualquier urgencia facilmente, por lo que su función quedaba reducida a la de otras muchas cosas de mi descuidada habitación: ocupar espacio y estar dotado de un gran simbolismo nostálgico. Bien por mi padre, que gracias a él  el ordenador puede tener una segunda oportunidad en su vida.

Sin embargo, mi yo del instituto ahora estaría tirándose de los pelos y llorando en una esquina. Antaño, era una persona mucho más prolífica en lo creativo y mucho más obsesiva en la conservación. La dejadez se ha impregnado en mi carácter y como muchas otras cosas que con empeño se solucionarían en un par de horas, el transvase de archivos del ordenador de sobremesa a un disco duro externo lo fui dejando y dejando. Hasta ahora, pues todo se ha reducido a nada: gigas de recuerdos a la basura. Proyectos inacabados, ejemplares del Rafael News, dibujos chorras, mis primeras conversaciones de MSN, documentos de relaciones del pasado, avatares de todo tipo para mi perfil de Messenger, (ocultas) fotos pornográficas descargadas de foros extintos, secretos inconfesables, creaciones absurdas… Es decir, una porción de mi vida desde finales de la ESO hasta principios de segundo de carrera se ha volatilizado.

No estoy apenado ni mucho menos, sino sorprendido por cómo este holocausto informático en miniatura apenas me ha afectado. Sensiblero como soy, podría estar maldiciendo por lo bajo a mi padre. Pero a estas alturas del cuento, te das cuenta de lo que cuenta es lo práctica: mejor un ordenador que me permita conectarme a la Red y escribir en Word que un ordenador escacharrado que funciona cada cuarto de hora y del que algún día sacaría de allí los trastos de mi adolescencia.

Y ahora le estoy escribiendo otra vez a esta pantalla nuevas palabras. Ella no se da cuenta, permanece indiferente. Se da por aludida, pero con su amnesia no da crédito a todo lo que estoy contando ahora. No cree en la reencarnación ni en una vida más allá, aunque así haya sido. Parezco una especie de charlatán lunático explicando lo importante que resultó para mí en su otra vida y cómo no pude rescatar nada de mis/sus recuerdos. Y así quedará el asunto. Tal vez un día me formateen a mí y el MacBook me intente explicar todo lo que ha recogido sobre mi vida en la etapa que lo he tenido. Y tal vez no le crea, y recurra a mi viejo de ordenador de sobremesa, pensando que en alguna carpeta, todavía haya algo de aquel adolescente medio transtornado que tanto creaba y creía. Algo queda de él, pero lo que hacía antes toda la semana en papel ahora se limita al teclado del ordenador el domingo.

[Inserta aquí la canción de melancolía que más te emocione y desplázate hacia atrás mirando hacia la pantalla como si de un travelling se tratase]

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3 comments

  1. pobiño que se quedó sin recuerdos (y cochinadas adolescentes). A mí algo me cunde, que así se borró aquella recopilación enfermiza que tenías de mi fotolog 😛

    y sigues siendo trastornado, hombre

    :*

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