Espejito, Espejito…oscuro

Reflexiona. Ahora imagina que la pantalla frente a la que te encuentras se apaga. Piensa cuánto tiempo pasas pasmado a ella y cómo te comportas, mirando fijamente, en qué postura, en qué contexto. Cómo día a día te entregas a ella para entretenerte, comunicarte y condenarte. Tanto si es un MacBook, como un portátil, ordenador fijo, televisor, iPod, HTC o el dispositivo que toque. Mira tu reflejo en la oscuridad de la pantalla que te devuelve tu mirada ausente. Lo lleno que es todo cuando tu pantalla está encendida y lo vacío que te encuentras cuando está en negro.

Pero el Black Mirror (2011) que propone Charlie Brooker está distorsionado, no ofrece nuestro reflejo tal cual. Continuando el camino de las píldoras de suspense y malrollo que inició un orondo paisano suyo con Alfred Hitchcock presents (1955-1962) y los relatos fantásticos de The Twilight Zone (1959-1964), Brooker recoge el testigo y conjuga problemáticas de toda la vida -orgullo, sexo, humillación, venganza- con las nuevas tecnologías y el mundo 2.o que nos toca vivir. Lo peor es que a pesar de las grandes dosis de fantasía y mala leche que destilan estos tres capítulos independientes, el asunto no anda muy desencaminado. El espejo de Brooker exagera, pero si miras fijamente él, te puedes reconocer sin problema.

(A partir de aquí breves reseñas con la esencia de cada capítulo. No contienen grandes spoilers, pero es recomendable ver cada capítulo sin tener ni idea de qué va, palabra!)

The National Anthem

A través de una premisa absurda, el capítulo es una muestra exagerada de cómo en el día a día las redes sociales convertidas en la auténtica voz del pueblo someten al cuarto poder (la prensa) que a su vez somete a unos políticos más preocupados por la popularidad que por su dignidad. Las reglas del juego han cambiado y lo que antes podía ser un secreto bien guardado, Internet lo propaga por naciones en cuestión de un retweet.

15 Million Merits

A medio camino entre el futuro dibujado por George Orwell en 1984 y en el que se ambienta Wall-E, esta fábula futurista se centra en la frivolidad de los programas de talentos y la sumisión y dependencia absoluta a la tecnología. Personalmente, lo más interesante de este episodio es el día a día de los personajes, cómo los rasgos individuales de cada uno se reducen a pequeños detalles del perfil de usuario (tal cual un Mii) y el punto al que llega el acoso publicitario, no tan alejado del actual.

The Entire History of You

A medio camino entre la cronología que propone Facebook y un dispositivo que podría ser propio de Apple, un aparato implantado en la cabeza permite registrar automáticamente todas nuestras vivencias a través de la vista. Lo que podría ser considerado un avance tecnológico inimaginable se convierte en una verdadera condena, una auténtica intromisión en la vida personal de cada uno que, por nuestra naturaleza humana, es objeto de nuestra desdicha, obsesiones y bajezas morales y sentimentales. Otro episodio que sobrecoge, porque apartando la dimensión fantástica del relato, las actuales redes sociales ya están alimentado otras historias no muy alejadas de esta.

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