La Solución Final al Desempleo

ANTONIO SEPÚLVEDA | Madrid

Juan se ajusta la corbata frente al espejo, la misma que había llevado en su acto de licenciatura. Se frota los ojos, adormecidos tras la fiesta de despedida de la noche anterior. Después de intentar domar los mechones más rebeldes de su cabello, acude a la cocina para despedirse por última vez de sus padres. “Es extraño”- confiesa el joven – “pero creo que estoy preparado para lo que me espera, no siento miedo”. Juan, como muchos otros jóvenes, acude a su última visita al paro.

“La gente ha cambiado, parece que hemos perdido atisbo de toda cordura” reflexiona Jorge Suárez, actual portavoz del PSOE, un partido relegado ahora a tercer plano. “En 2012 se creía que la crisis tendría que empezar a remitir, y no fue así. Ahora, treinta años más tarde, la desilusión se encuentra en todas las esquinas, cuando no debería ser así. Ni la experiencia republicana que tanto ansiaba una parte de la población española, ni la desaparición del bipartidismo en el Parlamento. No queda ilusión, sólo resignación”.

Juan sale del portal completamente trajeado. La gente de la calle lo observa, sabiendo cuál es su destino. Después de finalizar dos carreras, Comunicación Audiovisual y Filología Hispánica, ha estado dos años formando parte de las listas del paro. Hasta hoy. En ningún momento le han flaqueado las fuerzas, es de los pocos jóvenes que acepta sin problemas la medida adoptada por el Gobierno. “Es lo que toca”, comenta Juan, “prefiero marcharme de pie que trabajar de rodillas”.

“Es una ley controvertida, no cabe duda”, apunta el ministro de Presidencia Rodrigo de Paz, de UPyD, “pero al observar el descenso de la tasa de desempleo y también el del número de suicidios, es la mejor decisión que pudo adoptar el Gobierno”. La bautizada medida como Paro de Muerte, que obliga a aquellos desempleados con más de dos años en las listas del INEM a su ejecución en su respectivo distrito, no ha levantado tantas ampollas como lo haría en un pasado reciente. “En tiempos desesperados, medidas desesperadas. La gente sólo quiere tranquilidad y que la cosa se solucione, a cualquier precio”, señala de Paz, “Viendo los resultados positivos de esta ley, estamos incluso estudiándola como alternativa al recorte de pensiones para las personas de la tercera edad”.

¿No hay manera de escapar de esta muerte? Muchas empresas se han beneficiado de esta situación extrema contratando becarios con contratos muy alejados del salario mínimo interprofesional, con pactos que escapan del control del Ministerio de Trabajo. “Con trabajo o sin él, me encuentro condenado igual” reflexiona Juan, a escasos metros de la oficina del INEM. Le preguntamos si sabe cómo va a terminar su contrato vital. “He leído en un foro que no es para tanto, se trata simplemente de una estancia para diez personas donde te vas quedando dormido. Como lo he estado tanto tiempo desde que he acabado mis estudios”. Juan se despide, y sustituye un sueño roto por otro eterno. Como otro parado más.

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