La insoportable gravedad de la concha azul

Tengo de tó

“A ver, chaval…Creo que tu limitada mente es incapaz de comprender que el Mario Kart es una puta alegoría del mundo en qué vivimos… Mira, en la vida hay muchos tipos de personas, los hay con carisma como Bowser, gente débil como la princesa, o bichos raros como Yoshi. (…) El caso es que la vida es como una puta carrera de Mario Kart tienes que llegar a la meta en tres vueltas: tres mismos escenarios que se van a repetir en distintas circunstancias. A veces te toca con una gente, a veces te toca con otra, pero siempre va a ocurrir algo distinto. Conchas, bananas, cajas sorpresa… A veces puedes triunfar en la vida, te puede tocar tres champiñones, una estrella y sacar diez segundos de ventaja al otro… pero a veces puede venir un hijo de puta y lanzarte una concha azul e irte a tomar por culo. La vida es así, Álex, a veces triunfas, a veces fracasas, es como una puta carrera de Mario Kart, todo depende de lo rápido que seas y de tu suerte y de la de los otros.”

Honor Mansillado (Santiago DC, 2007)

Hace tiempo que hice mi elección y es difícil cambiar de bando: soy de Nintendo. Y entre las muchas aventuras de esta compañía que me han robado tiempo y mi corazón, el Mario Kart sin duda es el juego que más me ha dejado marcado. Más allá de una alegoría de la vida, creo que esta saga se encuentra entre los mejores juegos de la historia, sin miedo a equivocarme. Los detractores -si es que queda alguno en la sala- apelan a argumentos tan superficiales como su estética infantil, escasa dificultad y evolución en sus entregas. Aunque el fanatismo siempre ciega la objetividad, creo que todos los defectos indicados son rebatibles y no se pueden medir con una saga que destila jugabilidad en todo momento y ofrece una igualdad de oportunidades difícilmente comparable a otros videjuegos de competición. Porque el elemento de azar materializado en los distintos objetos, permiten que hasta el jugador novato pueda plantarle cara al más experto de Japón.

Distintos pasajes de mi vida se traducen por partidas de Mario Kart: mi primer afeitado fue el primer día que jugué el Mario Kart de la GBA, las tardes en casa de mi prima Elena jugando a las batallas de globos del MK64, las infinitas y gozosas competiciones con mis amigos Rubén, Quique, Álvaro, Xabi y demás en el inigualable MK de la Gamecube; las noches en mi piso universitario de tercero con el de la Wii… No me considero ni mucho menos un crack absoluto (las partidas online de las últimas entregas me han confirmado la existencia de verdaderos maestros y enfermos al volante), pero el volumen de horas invertido en este juego hacen que generalmente tenga más control a la hora de levantar el asfalto. En todo el tiempo dedicado he propinado palizones, ganado con victorias épicas, sufrido derrotas dolorosas, competido en contrarrelojes al límite… Realmente, es un juego que me ha conquistado.

En muchas ocasiones he intentado rendirle un tributo: el monólogo de Honor Mansillado, un intento de blog para hablar de mis personajes y circuitos favoritos u opiniones sobre las distintas entregas… Nunca he logrado traducir con hechos ni con palabras lo agradecido que le estoy a este juego. Con esta entrada se suma otra contribución a estos pequeños halagos que voy soltando. Y nunca se sabe, tal vez cuando llegue nuestra última hora, puede que surja un camino de arco iris que nos lleve a la meta final…

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