El pertubador lirismo del vello púbico

Sin título

Quería pasar a la Historia, ser recordado en una Obra Universal de la Literatura. Formar parte de fotogramas emblemáticos del Noveno Arte, que los grandes pintores captasen todos sus matices cromáticos. Le encantaría formar parte del cabello de Beatriz, de Dulcinea, de Julieta. Que las palabras más bonitas le alumbrasen para la posteridad. Pero la vida no concede segundas oportunidades en el cuerpo humano y quien nace púbico, púbico se queda. Su aspecto era oscuro, grueso, áspero y enrevesado. Un pelo estrangulado a sí mismo por su propia condición, que se retuerce pensando en su triste sino y que busca desesperadamente la suave caricia de los rayos del Sol, emulando a las ramas de un árbol. Postergado entre sus compañeros, condenados a vivir en la oscuridad, abrigados por varias capas de prendas. ¿Qué sentido tenía su existencia? ¿Dar calor, si acaso ya estaba resguardado entre ropa interior? ¿Anunciar del florecimiento sexual del individuo, si acaso no puede estar más oculto a los ojos de la sociedad? Si ni tan siquiera estéticamente resultaba agradable, por lo que a veces pasaba a ser rasurado sin piedad o, con un poco de suerte, recortado como si se tratase de un concurso de jardinería. Y si todo esto no fuera ya suficiente castigo, volvía a nacer cual hígado de Prometeo para sufrir el mismo tormento ad æternum.  Incluso si corría la suerte de caer de su cuna púbica, no contaba con el mismo significado ceremonioso y mágico que el deseo prometido por una pestaña caída; no, ese vello solía acabar en el borde de la taza del váter para recrear una estampa desagradable rematada por discusiones conyugales.

Pero detrás de su aspecto tosco y retorcido, a su manera de ser también era bello y esplendoroso. Su forma parecía estremecida y temblorosa cuando era observada a través de la luz. Su línea trazaba la ruta del complicado e incierto camino que le tocó recorrer en vida. Acobardada y tímida por vivir tanto tiempo reprimida. Contaba con un hermoso, perturbador lirismo.

Nunca antes se había visto de otra manera.

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One comment

  1. Qué grande el vello púbico.
    Siempre ha tenido admiradores renombrados que llegaron a coleccionarlos, desde Lord Byron al Marqués de la Escopeta Nacional.
    Esos “pelos negros retorcidos en el baño” de DefConDos, ese gatico acostao de los Chanantes.
    Y qué decir de esos peinados, homenaje sin duda al vello púbico, de insignies como Valentino Rossi, Carles Puyol, Smithers y su copia en carne y hueso, Alberto Ruiz Gallardón?
    Cuánto nos ha dado el vello púbico a la cultura popular!

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