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De Sangenjos e Las Coruñas

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Semella que o Ministerio do Tempo pode evitar que o Cid sexa asasinado ou que o ‘Guernica’ de Picasso chegue a España despois do franquismo, pero (aínda) non da resolto un problema eterno e máis evidente desde a Transición española: o conflito lingüístico.

Un dos programas estrela de TVE, un auténtico fito á hora de conxugar entretemento de primeira calidade e contido didáctico nunha serie de ficción, tivo o detalle esta semana de resucitar a figura dunha coruñesa ilustre: María Pita. Sen ser o eixo principal da trama, foi unha das personaxes máis importantes do capítulo por mor da súa relevancia na Historia con maiúsculas. Queda claro nestas palabras de Ernesto (e das que nace a polémica):

“Si se salva, evitará que 12.000 soldados ingleses capitaneados por el pirata Drake invadan La Coruña en 1589. Si muere, la próxima vez que usted vaya a veranear a Sangenjo es probable que todos hablen con acento de Liverpool y que en vez de pulpo coman fish and chips”

Como recolle este artigo de Huffington Post, Twitter comezou a botar lume entre os galegos. A fervenza de comentarios espallouse por todas as redes sociais e na conta oficial da serie no Facebook, o Community Manager respondeu así a unha alusión sobre o tema:

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Vai por diante que non conto cun grande coñecemento en normativas e normalización lingüística, nin nun tema tan complexo e interesante como a toponimia na Península Ibérica; pero eu vexo dúas posturas ben diferenciadas:

– Dunha banda, os castelanfalantes que non ven conflito por ningures á hora de dicir ‘Sangenjo‘. E aquí é cando aparece o exemplo por antonomasia ó falar desde tema: en castelán, todo o mundo di ‘Londres‘ e ‘Pekín‘ e ninguén di ‘London‘ nin ‘Beijin‘. Cando estás a falar de ‘Florencia‘ ou ‘Nápoles‘, non se fala de ‘Firenze‘ nin de ‘Napoli‘. Que non hai que ver unha falta de respecto a ninguén. No feixe de comentarios que se len por Facebook, unha muller afirmaba: “En castellano decimos Sanjenjo desde hace muchos años. Las X son desde la transición“. Obviamente, non hai que ser esaxerado e toca comprender a idea que quere transmitir esta señora, pero a última frase resulta magnífica. Poder concluir que o galego é unha invención de radicais posfranquistas para enfrentar ós españois é marabilloso. Volvendo o tema, o caso é que non lle falta razón á señora, e na Wikipedia pódese comprobar que ‘Sanxenxo‘ comezou a ser oficial desde 1983 pola Lei de Normalización Lingüística. Gustaríame atopar máis referencias sobre a orixe etimolóxica desta localidade para saber a comezos do século XX que nomenclatura aparecía en documentos oficiais, pero vouno deixar en mans de xente máis ociosa ou experta no tema.

– Doutra banda, están os que ven unha aldraxe en que Ernesto pronuncie ‘Sangenjo’ son algúns galegofalantes fartos de aturar chistes con ‘puerteciñas‘. Outra das infinitas aportacións do franquismo neste recuncho europeo, foi a de castelanizar todo lugar da súa España. Nesta vida cadaquén escribe e entende a Historia como lle peta; pero se estás no poder, contas coa opción de impoñer a túa visión. Así, Ferrol pasou a ser ‘El Ferrol del Caudillo‘ desde 1938 ata 1982, e no variado catálogo do ‘feísmo lingüístico’ de Galicia temos El Grove, El Carballino, Orense ou La Toja, entre outros. Xa non se trata dunha cuestión sobre qué soa mellor ou o modo correcto de dicilo, senón que esta perversión lingüística buscaba impoñer unha lingua e anular a outra. Se cadra este feito é o que suscita certa indignación entre os galegofalantes, xa que non se trata tanto de dicir unha cidade galega en castelán, senón que esa denominación artificial foi incluso considerada como a oficial e propia dun sitio anos atrás. E na vixente legalidade, o galego é tan oficial como o castelán, e se ben se pode ter a retranca de falar de ‘meigas’, tamén se pode chamar a un sitio pola súa nomenclatura oficial, sexa en galego, vasco, catalán ou castelán.

Á hora de falar do conflito lingüístico que existe en España, encántame lembrar este intre de ‘Tengo una pregunta para usted’ no que foi convidado Carod-Rovira, e no que comenta esta frase ante a insistencia dunha señora do público en chamalo Jose Luis por ‘non ter interese en aprender catalán’:

 “Si ustedes en 300 años, desde 1714 hasta ahora no han aprendido siquiera a decir ‘Josep-Lluis‘, pero en cambio saben decir ‘Schwarzenegger‘ o ‘Shevardnadze‘, ustedes tienen un problema, no yo”

Non me vou estender máis neste tema tan cheo de matices e polémico polas connotacións políticas que leva. Non deixa de ser un debate aberto no que cada bando terá a súa visión e dependerá das leis do momento; de feito, non fai falta un Ministerio do Tempo nin viaxar ó pasado para mudar a Historia desde o presente. A ver se Emilia Folch é capaz de resolver esta situación tan revirada en próximos episodios…

Dexter: el asesino asesinado

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Hay dos temas candentes estas semanas en el mundo de los blogs y foros especializados en series: la clausura final de Dexter y Breaking Bad, dos pesos pesados de la ficción televisiva yanqui. Con cada capítulo que pasa, se observan dos tendencias en cada una de ellas: el hype desmedido por los compases finales de Walter White y la profunda decepción por la pérdida de toda lógica en los últimos latidos de Dexter. Porque de todo el abanico de posibilidades abierto con el final de la séptima temporada, no se podía clausurar peor una serie que regaló tanta épica a los televidentes.

Cuando empezó Dexter allá en 2006 muchos quedamos prendados por una historia que enganchaba, un protagonista con una personalidad oscura y atractiva, capítulos adictivos y unas tramas muy interesantes. La serie avanzaba con algún que otro trompicón, y alcanzó la gloria con una espectacular cuarta temporada (la de Trinity) y un final totalmente inesperado y sublime. A partir de entonces, al dejar el listón tan alto, las siguientes temporadas sufrieron para mantener el nivel, y después de una quinta entrega bastante digna, la sexta y la séptima fueron desinflando la serie hasta llegar a una octava temporada que pasará a la posteridad. Y no para bien.

SPOILERS DE LA OCTAVA A PARTIR DE AQUÍ

Muchos intentaron defender lo indefendible y justificar los desmanes que estaba sufriendo la octava temporada. Con un Dexter atípico que no sufre la necesidad imperiosa de calmar a su Oscuro Pasajero, el protagonista parece que va de paseo de acá para allá sin más. La octava temporada es Dexter caminando por la vida, sin pausa pero sin prisa, procurando no hacer ruido, vestió con una sonrisa. Porque cuando todos esperábamos una season finale frenética, con Dexter acorralado, perseguido por todas sus fechorías justificadas por su moral, nos encontramos con una temporada de personajes nuevos desconcertantes (una psicóloga/figura materna sacada de la chistera, con un season killer sacado aun más de la chistera, una hija secreta de Masuka, un Marshall surgido de la nada que apunta a ser el cazador final de Dexter…) que protagonizan tramas aun más extrañas. Porque a estas alturas del juego, a nadie le interesa la promoción interna de Quinn cuando está más obsesionado con Debrah que con Dexter.

Los dos últimos capítulos emitidos hasta el momento, Make Your Own Kind of Music y Goodbye Miami han echado más sal a la herida con el comportamiento inverosímil de los personajes y las situaciones dantescas que se producen. Porque no nos encontramos con fallos de raccord que ponen a prueba al espectador más picajoso, sino a errores de bulto que no cuelan ni en una serie infantil. ¿O es que acaso, por poner uno de los ejemplos más claros, un personaje perseguido por la policía no se sometería al más leve cambio de look? ¿Por qué los personajes tienen una amnesia tan tremenda de un capítulo a otro? ¿Cómo diantres Debrah tolera tantas bastadas en tan poco tiempo? Digno de estudio sería visionar la cuarta y la octava temporada de Dexter del tirón y enumerar las luces y las sombras de cada una de ellas.  Se me agolpan tantos y tantos momentos delirantes en los últimos capítulos, que prefiero dejar respirar al teclado…

La serie ha crecido tan mal como Harrison. Ahora mismo todos echamos de menos a Cody y a Astor. Es lo que pasa cuando tu hijo pasa prácticamente todo el tiempo con la niñera. Ya no sabes quién es.

Esta escena de la cinta de correr, resume toda la temporada. Incluso con la música añadida a mayores.

Stay out of my territory

WALT

 

Mi affair con Breaking Bad empezó durante el verano de 2009, donde me empecé a meter por vena las dos primeras y fugaces temporadas. Desde entonces comenzó un flechazo que pocas series sin finalizar me habían dado, como lo fueron Lost (tema de comentar aparte), Dexter (en su día, antes de comenzase a languidecer) y alguna otra que no me viene a la mente. Comparado con las otras dos, de las que esperaba un final megaépico que la primera no fue capaz de ofrecer y la segunda va camino de lo mismo, tengo fe ciega en que la conclusión del descenso a los infiernos del señor White esté a la altura. Acabe como acabe.

Por el momento, toca meterse la primera ración. Y dejar que el hype de colegialas locas siga contaminando el ambiente para el sufrimiento de los gourmets puristas de series y el disfrute de obsesivos seriéfilos.

Y es que… “¿te gustaría vivir en un mundo sin Coca-Cola?”

Materia de Universi…d’oh!

De los muchos agujeros e incongruencias que se podían encontrar en el plan de estudios de nuestra promoción de Comunicación Audiovisual, hay un olvido imperdonable que no creo que muchos académicos compartiesen conmigo, pero que considero casi esencial. Estudiamos un poco el tema de pasada en Teoría e Historia de los Géneros en Cine, Radio y Televisión, aunque para lo que me refiero necesitaríamos más bien una materia tipo Análisis de la ficción seriada de la TV estadounidense, una tapadera espléndida para dar clase exclusivamente de una serie: Los Simpson.

Desde que se estrenó como corto animado de The Tracey Ullman Show en 1987 hasta la actualidad, la serie ha tenido de todo. Mis primeros visionados fueron capítulos grabados de La 2 en una cinta VHS de varios dibujos animados que vería una y otra y otra vez (adelantándome a la política de los programadores de Antena 3), de los que recuerdo Bart, el genio (¡estáis asfixiando mi creatividad!), Hogar, agridulce hogar (¡no le corrijas, Brut!), Krusty entra en chirona (si cada día que me dices adiós, muero un poquito…) y El blues de la Mona Lisa (el blues del jamón que jamás pude jamar), que para alimentar traumas infantiles estaba cortado cuando le quedaban tres minutos al capítulo. Después de asentar este poso de entrega total, comenzaron las emisiones vespertinas de Antena 3 justo después de Alta Tensión con Constantino Romero, la comercialización de VHS recopilando varios capítulos y finalmente las dobles emisiones en horario de mediodía, lo que se traduce en años y años de fiel visionado.

Eso sí, dentro de mi fanatismo por la serie, tengo que confesar que como muchos otros hace varias temporadas he dejado de seguir sus nuevas aventuras, y en el eterno debate de si es que Los Simpson ya no son lo que eran o, tal vez, nosotros no seamos los espectadores que éramos, me inclino a que el nivel de la serie ha sufrido un desgaste lógico tras tanto tiempo en antena que hace que no brille como en su época más dorada.

Algunos se preguntarán, ¿y por qué Los Simpson y no otra serie como para dedicarle una materia en exclusiva? Tanto por extensión (a día de hoy, 24 temporadas ininterrumpidas en antena) como por la calidad alcanzada durante una época gloriosa de la serie (que muchos sitúan en los capítulos que van de la cuarta a la octava temporada) es una referencia obligada en televisión. Así mismo, podría considerarse como una enorme enciclopedia de referencias culturales del siglo XX, porque el número de guiños a películas, libros, personajes públicos, eventos históricos, etc.; resulta difícil de cifrar a lo largo de más de 500 capítulos. Y porque si bien Los Simpson cuentan con antecedentes claros, como es el caso de Los Picapiedra (del que un colega afirma que sufre constantes fusilamientos, como la trama de un capítulo en el que Pedro le regala a Wilma una bola para los bolos), la familia amarilla es el faro de la animación televisiva, tanto para adultos como pequeños, alumbrando pasado, presente y futuro. Incluso otra serie contemporánea suya que no deja títere con cabeza, South Park, ha rendido homenaje a la cantidad de tramas geniales de Los Simpson, bromeando con la incapacidad de generar historias que no haya vivido ya el clan de Springfield, con el capítulo Simpsons Already Did It.

Pero es que esta serie como materia de estudio daría lugar a inagotables cuestiones: fenómenos culturales como los que se producen en YouTube, donde en los comentarios entre fans del doblaje latino y el castellano acaban siempre en enzarzadas disputas con el colonialismo de fondo; también cómo la muerte del doblador español de Homer (Carlos Revilla, nunca te olvidaremos) supuso también la pérdida de calidad de los argumentos de la serie (curioso caso digno de debatir); la evolución que ha sufrido su animación desde sus comienzos hasta su salto a la pantalla grande; la creación de un universo diegético tan vasto e inigualable como Springfield, donde estereotipos como el tonto del pueblo, el alcalde corrupto, el magnate malévolo, la profesora solterona, los malotes del barrio, el malhumorado dueño del bar o el vecino santurrón adquieren con el tiempo unas dimensiones inconcebibles en otras series. Y porque no entramos a analizar brillantes capítulos, que merecerían páginas de comentarios: la dupla de Connan O’Brien (Marge contra el monorrail y Homer va a la Universidad), ¿Quién disparó al señor Burns?, El enemigo de Homer, El cabo del miedo, Rosebud, los especiales de Halloween… Y la larga lista de inolvidables gags y coletillas pronunciadas por muchos de nosotros cuando nos encontramos con otros apasionados (y que sirvió de inspiración para este sobrecogedor y maravilloso cómic breve de Rebecca Sugar)… En definitiva, si esto no es carne digna de estudio académico en el plano audiovisual, yo no sé qué puede serlo.

Joróbate, Flanders.

Breaking Bad: un problema para los jóvenes

…y digo problema para los jóvenes porque es una de las drogas más duras a la que te puedes enganchar en el actual mundillo de las series. Y porque así lo reza la canción: Drogas duras, un problema para los jóvenes. Antes de cambiar la cabecera del blog y después de varios días de abstinencia tras el parón del primer tramo de la quinta temporada, os dejo aquí una serie de links de diversa calaña a los más incondicionales de Heisenberg para llevar mejor el bajón:

Reviews de Todoseries: excelentes para recrearse en el capítulo, recordar momentos que tenías olvidados y alabar ciegamente esta maravilla de Vince Gilligan.

El vuelo de Ícaro: no todo el mundo quedó enamorado de este primer tramo de temporada. El profesor Alberto Nahum, admirador de la serie, desmenuza en su blog los detalles que le han resultado incoherentes de la quinta.

Reviews de Dehparadox: reseñas con interesantes reflexiones que ahondan en los referentes culturales (cinematográficos sobre todo) en los que se sostiene la serie.

16 cosas que no sabíamos de Breaking Bad, cortesía de los chicos de Todoseries, tonteridas que no aportan nada pero que llaman la atención.

El final alternativo del 5×08. Estaba muy a huevo, pero no deja de resultar gracioso…

– Y como colofón a esta pequeña selección, un vídeo tributo de la evolución de Walter White a Heisenberg hasta la fecha. Le faltan momentazos, pero resume bastante bien la idea que tenía en mente Gilligan de transformar a un Mr. Chips en un Scarface…

Breaking Bad a la española

Maravillado por el desarrollo de la quinta temporada de Breaking Bad, en la que Walter White está a punto de alcanzar la cima del negocio de la droga antes de despeñarse montaña abajo, se me ocurrió la siguiente cuestión: ¿qué pasaría si en España se decidiese adaptar Breaking Bad? ¿Os parecería algo muy descabellado? ¿Os tengo que recordar que no hace tanto tiempo se adaptó una emblemática serie yanki cuyo nombre no quiero acordarme, pero que en la cabecera un tal Dani Martín berreaba ‘cheairs’? Ahora que estamos sentados, vamos a imaginarnos cómo sería el asunto…

Para empezar, nada de Breaking Bad: aquí el título de la serie sería algo Cristales azules. No nos andamos con chiquitas, aquí las cosas por su nombre, no vayamos a complicar la historia. Modesto Pardo, un gris profesor de química de instituto, sufre un giro de 180º  en su vida cuando le diagnostican cáncer. Debido a los altos costes del tratamiento, incapaces de cubrir con su sueldo de profesor y el dinerillo extra que Modesto se saca trabajando en la jamonería, se le enciende la bombilla: ¿y si cocina metanfetamina para conseguir dinero fácil?

Las caras de esta versión española

Para encarnar al trasunto español de Walter White, quién sino Antonio Resines, nuestro caballo de batalla de la interpretación. Resines está más que rodado en el papel de fatigado padre de familia que lidia en mil batallas, y además de la mano de Enrique Urbizu –quien podría ser nuestro Vince Gillian autóctono- ya había experimentado con papeles más serios, como es el del nombre de Modesto Pardo que cogimos prestado del film La caja 507.

“Yo soy el peligro”

El asociado de Modesto Pardo, Jesús Colorado, en lugar de ser un exalumno como sucede en la serie yanqui, bien podría ser un estudiante que todavía recibe clases del protagonista. Por edad no desentona, teniendo en cuenta la media de los personajes en las series españolas, y que esté en clase permitirá también tener más tramas dentro del instituto y reutilizar decorados de otras producciones. Para este papel, Alejo Sauras es mi elegido: guapete, un diamante en bruto y con ese encanto cándido que le da Aaron Paul, pero en este caso a lo spanish. La primera escena de profesor y alumno cocinando droga en la Jamoneta tiene papeletas para marcar un hito en la televisión española.

“SÍ, PUTA! CIENCIA, SEÑOR PARDO!”

La mujer de Modesto, Sonia Montes, podría ser perfectamente interpretada por Belén Rueda. Entre los dos actores existe química, y la actriz también sabe combinar momentos dulces con actuaciones memorables en discusiones y tensas situaciones familiares. Madre sufridora y cómplice perfecta.

No es tan odiosa, pero bien vale.

Siguiendo esta regla de tres, el nombre del actor que interpretaría a Modesto Jr. cae de cajón: Víctor Elías, pues ya cuenta con una innegable experiencia en este tipo de papeles. Como hijo de Antonio Resines me refiero, vaya.

Dos gotas de agua

Vamos con otro personaje de peso dentro de la serie: el rudo e implacable agente de la ley Hank Schrader, que en la versión española podría ser Juan Escobar. Familiar de Modesto que trabaja como guardia civil muy interesado en perseguir a los maleantes que trabajan en el negocio de las drogas, Jesús Bonilla encajaría a la perfección. Malhumorado, gracioso e histriónico. Y también con cara de tipo duro.

Apatrullando la ciudad

Vamos a centrarnos ahora en un par de malos para hacer más atractivo el cast de nuestra versión cañí. Comencemos con uno de los primeros de la serie y que dejó huella: Tuco Salamanca. Un narco de poca monta que sin embargo acojonaba a cualquiera por ser un desequilibrado mental que no dudaba en forrarte a hostias hasta la muerte como dijeses una frase estando él de mal humor. En nuestra versión, sin ser un calco del papel bordado por Raymond Cruz, Paco León podría hacer una actuación estelar como el Luisma reconvertido en un minicapo tan divertido como letal. Me imagino la escena de Modesto Pardo llevándole ese producto químico que acabaría volándole el despacho, y con Paco diciendo: “¡Claro, como el Luisma es tonto!”. Un clásico instantáneo de la historia de la tele.

Los gangsta del barrio

Otro malo emblemático –por no decir el que más- es Gustavo Fring, el Pollo de la droga. Es necesario alguien que inspire a la vez confianza, respeto y temor. Un hijoputa encantador, como Hans Landa de Inglorious Basterds. En este caso, yo apostaría por un actor semiconocido que con este papel se luciese y aumentase su caché: Jaime Ordóñez, más conocido como ‘el hombre que hablaba rápido en Aquí no hay quien viva’ es una apuesta segura. Ese tono de voz penetrante, cálido y a la vez amenazador es justo lo que necesita un personaje como Gustavo Fernández. Ya me imagino uno de sus frenéticos soliloquios ante un embobado Jesús Colorado. ¡La risión!

¿Lo han entendido?

Y hasta aquí mi cast español para esta nueva versión de Breaking Bad… ¡pero esperad! Claro, la serie es española, hay que adaptar más el producto para el mercado de aquí, ese donde se atiende a lo que piden las productoras y los canales más que a los gustos del público. Entonces, los capítulos en lugar de cifrarlos en cuarenta y pico minutos, estiraremos su duración en unos ochenta aproximadamente. Enlazando con esto, ¿cómo la familia de los Pardo va a estar formada únicamente por un padre, una madre embarazada y un hijo minusválido? Ya que tenemos a Resines, Rueda y Elías, vamos a meter el resto del pack y así cubrir todos los targets de edad y a la vez contar con más tramas para rellenar tiempo. Un incesto entre hermanos –Fran Perea, Verónica Sánchez, bienvenidos otra vez-, un hijo pequeño (el eterno Currito, que aunque esté más crecidito, bien nos vale) que traficará con chocolatinas y una abuela que puede regalar una trama mágica donde confunde sus pastillas con los cristales azules del padre de familia. Ahora sí que sí, tenemos todo para disfrutar de un Breaking Bad a la española. Y si después de liarla parda con las oscuras acciones de Modesto, siempre podremos despertarlo de su cama y pensar que todo lo malo que hizo durante varias temporadas fue solamente producto de sus sueños, que él es un buenazo de tomo y lomo.

Los Pardo que faltaban

Dani, ya puedes grabar la sintonía de la cabecera.