Series TV

Breaking Bad a la española

Maravillado por el desarrollo de la quinta temporada de Breaking Bad, en la que Walter White está a punto de alcanzar la cima del negocio de la droga antes de despeñarse montaña abajo, se me ocurrió la siguiente cuestión: ¿qué pasaría si en España se decidiese adaptar Breaking Bad? ¿Os parecería algo muy descabellado? ¿Os tengo que recordar que no hace tanto tiempo se adaptó una emblemática serie yanki cuyo nombre no quiero acordarme, pero que en la cabecera un tal Dani Martín berreaba ‘cheairs’? Ahora que estamos sentados, vamos a imaginarnos cómo sería el asunto…

Para empezar, nada de Breaking Bad: aquí el título de la serie sería algo Cristales azules. No nos andamos con chiquitas, aquí las cosas por su nombre, no vayamos a complicar la historia. Modesto Pardo, un gris profesor de química de instituto, sufre un giro de 180º  en su vida cuando le diagnostican cáncer. Debido a los altos costes del tratamiento, incapaces de cubrir con su sueldo de profesor y el dinerillo extra que Modesto se saca trabajando en la jamonería, se le enciende la bombilla: ¿y si cocina metanfetamina para conseguir dinero fácil?

Las caras de esta versión española

Para encarnar al trasunto español de Walter White, quién sino Antonio Resines, nuestro caballo de batalla de la interpretación. Resines está más que rodado en el papel de fatigado padre de familia que lidia en mil batallas, y además de la mano de Enrique Urbizu –quien podría ser nuestro Vince Gillian autóctono- ya había experimentado con papeles más serios, como es el del nombre de Modesto Pardo que cogimos prestado del film La caja 507.

“Yo soy el peligro”

El asociado de Modesto Pardo, Jesús Colorado, en lugar de ser un exalumno como sucede en la serie yanqui, bien podría ser un estudiante que todavía recibe clases del protagonista. Por edad no desentona, teniendo en cuenta la media de los personajes en las series españolas, y que esté en clase permitirá también tener más tramas dentro del instituto y reutilizar decorados de otras producciones. Para este papel, Alejo Sauras es mi elegido: guapete, un diamante en bruto y con ese encanto cándido que le da Aaron Paul, pero en este caso a lo spanish. La primera escena de profesor y alumno cocinando droga en la Jamoneta tiene papeletas para marcar un hito en la televisión española.

“SÍ, PUTA! CIENCIA, SEÑOR PARDO!”

La mujer de Modesto, Sonia Montes, podría ser perfectamente interpretada por Belén Rueda. Entre los dos actores existe química, y la actriz también sabe combinar momentos dulces con actuaciones memorables en discusiones y tensas situaciones familiares. Madre sufridora y cómplice perfecta.

No es tan odiosa, pero bien vale.

Siguiendo esta regla de tres, el nombre del actor que interpretaría a Modesto Jr. cae de cajón: Víctor Elías, pues ya cuenta con una innegable experiencia en este tipo de papeles. Como hijo de Antonio Resines me refiero, vaya.

Dos gotas de agua

Vamos con otro personaje de peso dentro de la serie: el rudo e implacable agente de la ley Hank Schrader, que en la versión española podría ser Juan Escobar. Familiar de Modesto que trabaja como guardia civil muy interesado en perseguir a los maleantes que trabajan en el negocio de las drogas, Jesús Bonilla encajaría a la perfección. Malhumorado, gracioso e histriónico. Y también con cara de tipo duro.

Apatrullando la ciudad

Vamos a centrarnos ahora en un par de malos para hacer más atractivo el cast de nuestra versión cañí. Comencemos con uno de los primeros de la serie y que dejó huella: Tuco Salamanca. Un narco de poca monta que sin embargo acojonaba a cualquiera por ser un desequilibrado mental que no dudaba en forrarte a hostias hasta la muerte como dijeses una frase estando él de mal humor. En nuestra versión, sin ser un calco del papel bordado por Raymond Cruz, Paco León podría hacer una actuación estelar como el Luisma reconvertido en un minicapo tan divertido como letal. Me imagino la escena de Modesto Pardo llevándole ese producto químico que acabaría volándole el despacho, y con Paco diciendo: “¡Claro, como el Luisma es tonto!”. Un clásico instantáneo de la historia de la tele.

Los gangsta del barrio

Otro malo emblemático –por no decir el que más- es Gustavo Fring, el Pollo de la droga. Es necesario alguien que inspire a la vez confianza, respeto y temor. Un hijoputa encantador, como Hans Landa de Inglorious Basterds. En este caso, yo apostaría por un actor semiconocido que con este papel se luciese y aumentase su caché: Jaime Ordóñez, más conocido como ‘el hombre que hablaba rápido en Aquí no hay quien viva’ es una apuesta segura. Ese tono de voz penetrante, cálido y a la vez amenazador es justo lo que necesita un personaje como Gustavo Fernández. Ya me imagino uno de sus frenéticos soliloquios ante un embobado Jesús Colorado. ¡La risión!

¿Lo han entendido?

Y hasta aquí mi cast español para esta nueva versión de Breaking Bad… ¡pero esperad! Claro, la serie es española, hay que adaptar más el producto para el mercado de aquí, ese donde se atiende a lo que piden las productoras y los canales más que a los gustos del público. Entonces, los capítulos en lugar de cifrarlos en cuarenta y pico minutos, estiraremos su duración en unos ochenta aproximadamente. Enlazando con esto, ¿cómo la familia de los Pardo va a estar formada únicamente por un padre, una madre embarazada y un hijo minusválido? Ya que tenemos a Resines, Rueda y Elías, vamos a meter el resto del pack y así cubrir todos los targets de edad y a la vez contar con más tramas para rellenar tiempo. Un incesto entre hermanos –Fran Perea, Verónica Sánchez, bienvenidos otra vez-, un hijo pequeño (el eterno Currito, que aunque esté más crecidito, bien nos vale) que traficará con chocolatinas y una abuela que puede regalar una trama mágica donde confunde sus pastillas con los cristales azules del padre de familia. Ahora sí que sí, tenemos todo para disfrutar de un Breaking Bad a la española. Y si después de liarla parda con las oscuras acciones de Modesto, siempre podremos despertarlo de su cama y pensar que todo lo malo que hizo durante varias temporadas fue solamente producto de sus sueños, que él es un buenazo de tomo y lomo.

Los Pardo que faltaban

Dani, ya puedes grabar la sintonía de la cabecera.

Community: la ficción está aquí dentro

Guiño, guiño

Después de comentar en una entrada anterior la atención prestada por los creadores de Community a todos los episodios anteriores para hilar fino con detalles autorreferenciales al alcance de muy pocas series -casi todas se encuentran sumidas en episodios de amnesia de su propio pasado-, existe otro asunto que no quiero pasar por alto con respecto a este serión. Si Community cuenta con una tremenda capacidad para autocitarse en cuanto tiene ocasión, la galería de referencias a otras películas, series de TV, videojuegos, personajes populares y demás productos de ocio no tiene parangón. Sería una tarea kamikaze intentar enumerar en un único post todos estos guiños -tengo visto en otras bitácoras como seis referencias encontradas en apenas los dos minutos iniciales de un capítulo-, por lo que me gustaría centrarme en las referencias a las series de ficción coetáneas (o casi, en el caso de alguna), que en su mayoría entrañan más juego de lo que puede aparentar a simple vista…

SPOILER ALERT! Evidentemente, todo este artículo gira alrededor de las referencias mostradas en las tres primeras temporadas de Community. No matan a nadie, pero si no tienes visto los capítulos y tienes intención de hacerlo, esta entrada puede fastidiarte la gracia de lo desconocido. Mejor tener visto los capítulos, si quieres seguir leyendo será bajo tu propia responsabilidad…

Cougar Town

Abed, el personaje más metatextual de la pandilla, consumidor compulsivo y enfermizo de todo el audiovisual habido y por haber, se queda a cuadros cuando se entera (03×01 – Biology 101) que una de sus series favoritas ha sido desplazada a la temporada media: Cougar Town. ¡Cougar Town, una serie de la competencia, la cadena ABC, que rivaliza en los premios por la mismas categorías que Community de la NBC! Pero no queda ahí la cosa: vale que algún chascarrillo de Jeff sobre este gusto de Abed le da el toque de mala leche, pero la complicidad que hay entre estas llegaron a un punto tan cercano que bordean el crossover. En un brillante capítulo de la segunda temporada que parecía un homenaje a Pulp Fiction que no lo fue tanto (02×19 – Critical Film Studies), Abed explica a Jeff su experiencia trascendental de participar como extra en un capítulo Cougar Town. ¿Lo mejor de todo? ¡Que se produjo en realidad! Y con la moneda devuelta, ya que en la finale de la segunda temporada de Community, aparecen estos personajillos a los que tanto quiere Abed.


Mad Men

El episodio en la que el grupo ayuda a Abed a ligar (01×17 – Physical Education), el personaje regala una escena antológica en la que ensaya con Annie sus dotes conquistadoras imitando el porte del increíblemente seductor Don Draper de Mad Men. ¿Lo mejor? Annie (Alison Brie) es a su vez Trudy Campbell en el universo de los ‘otros’ hombres de negro. Como para no caer rendida entonces con los encantos de Draper conociéndole de antemano…

Glee

Otra de las rivales de Community no sale tan bien parada en sus referencias como pasa con Cougar Town. Puede que Glee fuese en su momento serie revelación, un auténtico fenómeno de masas y un destello de alegrías, luces y color. Más allá de eso, este alegre grupo de coro también puede resultar cursi y ñoño hasta el límite, cosa que en Greendale no llevan muy bien. Si el enfrentamiento directo que tuvo la pandilla con el glee club de su universidad durante el primer paintball (01×23Modern Warfare) fue un momentazo estelar que se saldó con bajas en ambos bandos, lo mejor estaba por llegar. El episodio recopilatorio de la segunda que al final no fue tal (02×21 – Paradigms of Human Memory) recordaba la exitosa trayectoria que tuvo la pandilla en el glee club...ya que el grupo original murió en un accidente de bus. Hecho que no caería en el olvido (¡ouyeah, Community, lo has vuelto a hacer!) y se recordaría en el que es el episodio definitivo homenaje/parodia/musical (03×10 – Regional Holiday Musical) en el que uno a uno la pandilla acaba siendo poseída/idiotizada por las alegres canciones glee style.

Lost

Lost y Community comparten más semejanzas dentro que fuera de sus argumentos, por el movimiento generado en las redes con sus hardfans más acérrimos, llegando a desenvolver hasta los límites más extremos e insospechados la mitología de sus series (la proclama “six seasons and a movie” pronunciada como un mantra por Troy y Abed cuando ven peligrar sus series es favoritas es repetida a menudo por sus fieles). Y aunque una sea la serie que marcó un hito en cuanto a narrativa en ficción de TV, Community hace un divertido guiño coñero en la trama del final de la tercera temporada (03×19 – Curriculum Unavaliable). Aunque esta sea más deudora del guión de Shutter Island cuando un psicólogo intenta convencer al grupo que donde realmente han estado es un sanatorio mental y no una universidad pública, son reveladores el “we have to go back” entonado por Pierce y los razonamientos del psicólogo (“todo llegasteis a esta ‘universidad pública’ con vuestras vidas rotas” y su última baza: “Greendale es un purgatorio y yo soy el diablo“), tomándose a guasa las teorías sobre el final de una serie, que el caso de Lost eran asunto de Estado. O un guiño anterior, en esa joyita animada que fue el especial de Navidad animado de la segunda temporada (02×11 – Abed’s Uncontrollable Christmas), en el que después de una dura búsqueda por el significado de la Navidad, Abed encuentra en una matriuska de cajas la primera temporada de Lost, interpretado como una metáfora de la falta de final (boooyah!)…o la idea de que tenga el significado que nosotros le queramos dar (aaaaww!)

Me dejo probablemente en el tintero muchas otras, como fue el capítulo especial/homenaje a Law & Order, las referencias a Breaking Bad con los frustrados planes de Starburns de crear un laboratorio de metanfetamina con las probetas robadas de la universidad… si algún interesado nota alguna ausencia o fallo en lo aquí aportado, avanti con los comentarios.

¡No me toques la diégesis!

Para los hardfans más exigentes y voraces del audiovisual, uno de los requisitos indispensables que se le exige a una serie de televisión digna de admiración y veneración es respetar en todo momento su filosofía y coherencia. No todas ellas lo cumplen por distintos motivos: guionistas que no hacen bien su trabajo, productores ejecutivos que pierden la ilusión y no cuidan los detalles o por comodidad a la hora de elaborar nuevas tramas. Un caso especialmente sangrante es el de las series de ciencia-ficción, que como bien afirma el profesor Alberto Nahum en su artículo sobre la tercera de Misfits: “el género fantástico no ampara el “todo vale”. Al contrario: las reglas que se establecen al principio del juego han de seguirse como si fueran las Sagradas Escrituras. Cualquier otra cosa es hacerse trampas al solitario. Y precisamente en esa barra libre es donde naufragan relatos que alguna vez surcaron los mares de la genialidad”.

Heroes: Empezar de puta madre, acabar de puta pena

Ahora volveré al redil, puesto que mi intención no es comentar la coherencia de tal o cual serie de ficción, si no la atención prestada por los guionistas a los pequeños detalles de la historia y cómo vuelven a surgir en otros episodios, sobre todo en sit-coms y en series de animación. Porque una cosa está clara, cuando la serie se respeta, se (re)conoce a sí misma y no olvida los detalles de los capítulos anteriores, el grado de fidelidad y alegría de sus seguidores aumenta. Y en este sentido, Community en sus primeras tres temporadas ha rozado el cum laude en muchísimas ocasiones. Cuando al comienzo piensas que la serie te regala momentazos por capítulo que quedarán en el olvido, no pasa mucho tiempo para que los propios personajes comenten estos detalles en capítulos sucesivos. Un momento representativo de ello lo encontramos en la escena en la que repasan las tímidas intrigas amorosas que van surgiendo entre los personajes a lo largo de la serie. En Community, no todos los gags se basan en la trama episódica de serie de humor, sino que algunos de ellos cuentan con un elemento que emergerá de nuevo para regocijo del espectador (la reaparición de Annie’s Boobs es antológica).

“Y ahora somos tan disfuncionales e incestuosos…”

En este sentido me vienen a la cabeza un par de detalles que aunque puedan parecer demasiado quisquillosos, demuestran que algunos guionistas prefieren jugar con todas las posibilidades del universo de la serie sin atender al trabajo previo realizado. Futurama, por ejemplo. En el 1×02, queda claro que Bender en el momento en que un imán se pega en su brillante cuerpo metálico, se convierte en un escandaloso cantante folk. Sin embargo, en el 3×06, se pega un pequeño imán en la barbilla para hacerse pasar por el robot Flexo sin sufrir transformación ninguna. Otro detalle: en la octava temporada de Scrubs, uno de los personajes secundarios se echa un ligue que estalla maniáticamente cuando le tocan las manos descubiertas. En uno de los capítulos de final de temporada, en un momento bastante relevante, sus manos son tocadas sin reaccionar histéricamente, sino con ternura. Vale, este par de ejemplos no suponen la violación flagrante de la coherencia de la diégesis, pero son los suficientemente representativos como para observar que incluso en las series más geniales no se cuidan con mimo estos detalles.

Volveré a la montaña alguna vez...” (8)

Toda esta entrada, en la que comento estas reflexiones sin tirarme de los pelos, ya es tratada como no podía ser de otra manera en la que considero la más grande Biblia sobre TV de todos los tiempos: Los Simpson. En esta serie podríamos encontrar ejemplos a patadas, pero tras tantos cambios de equipos de guionistas y con la cantidad ingente de capítulos a sus espaldas, muchos de esos detalles pasan inadvertidos incluso en los fans con multitud de reposiciones en su historial de visionado. Y es que mola ser fan, pero mejor no serlo tanto. Matt Groening y su troupe seguramente ya se verían las caras con otros fans que le soltasen estos lamentos en macroconvenciones… para devolverles la pelota con este divertido momento en el episodio de “El Show de Rasca, Pica y Poochie”:

NERD: ¡Hola, pregunta para la señorita Melanie! En el episodio 2×09, Rasca toca el esqueleto de Pica como si fuera un xilófono. Toca dos veces como si fuera la misma nota y sin embargo produce dos tonos claramente diferentes…je. ¿Qué quieren hacernos creer, que es una especie de…je, je, je… xilófono mágico o algo así? Jo, espero que despidiesen a alguien por ese patinazo.

HOMER: Yo le contestaré… Permítame una pregunta, ¿cómo es que un hombre que lleva una camiseta que dice ‘genio trabajando’ se pasa el día viendo dibujos para niños?

NERD: Retiro la pregunta… (y saca una chocolatina)

Y tras esta conclusión final, mejor también me retiro…

Grandes ideas yankis

La noticia ha pillado por sorpresa a muchos (entre los que me incluyo) y lleva inevitablemente a la reflexión sobre esta época del ‘todo-gratis’ de la que nos estamos aprovechando. Más allá de las implicaciones que lleva sobre cuestiones de censura, libre intercambio de datos, el poderoso control al que estamos sometidos por las multinacionales, etc, etc (todas ellas bien explicadas en otros blogs y fútiles panegíricos filotecnológicos), hablo en plata sobre lo que nos afecta directamente a muchos: la descarga de películas, series, cómics, libros o música.

Indudablemente, plataformas como Megaupload sirven para obtener de la manera más rápida y cómoda posible productos como series de la TV yanki a su ritmo de emisión normal, sin estar sometidos a esperas de meses y a unos doblajes en su mayoría desafortunados. Además, permite que el internauta tenga el número de series que quiera y cuando quiera. El cierre de Megaupload, Megavideo y demás Megas no deja de ser un toque de atención, porque una regulación caduca con medidas anticuadas no puede detener cuestiones de dimensiones tan mastodónticas como la descarga de cultura por Internet -como cuando se secuestró la portada de El Jueves con los príncipes fuchicando, menuda gilichorrez-.

¿Y ahora qué? No sé si Megaupload volverá con otra fachada o seguirán cayendo los portales de intercambio de ficheros como moscas. Por mi parte, yo creo que un gran número de usuarios estamos dispuestos a pagar una cifra razonable de dinero -como ya lo estábamos con cuentas premium- para conseguir productos como series de televisión. El miedito es que probablemente no se imponga ninguna cifra razonable. De hecho, soy consciente de que ya existen portales con este sistema para obtener películas, pero de momento no ofrecen contenidos que me interesen y -tampoco seré hipócrita- en algunos casos consigo gratis. Porque me gusta invertir dinero en cultura, pero si no puedo generar dinero -eso es otro cantar- pues me aprovecho de los vicios del sistema de vez en cuando.

A falta de licorerías, pajarerías.

Espejito, Espejito…oscuro

Reflexiona. Ahora imagina que la pantalla frente a la que te encuentras se apaga. Piensa cuánto tiempo pasas pasmado a ella y cómo te comportas, mirando fijamente, en qué postura, en qué contexto. Cómo día a día te entregas a ella para entretenerte, comunicarte y condenarte. Tanto si es un MacBook, como un portátil, ordenador fijo, televisor, iPod, HTC o el dispositivo que toque. Mira tu reflejo en la oscuridad de la pantalla que te devuelve tu mirada ausente. Lo lleno que es todo cuando tu pantalla está encendida y lo vacío que te encuentras cuando está en negro.

Pero el Black Mirror (2011) que propone Charlie Brooker está distorsionado, no ofrece nuestro reflejo tal cual. Continuando el camino de las píldoras de suspense y malrollo que inició un orondo paisano suyo con Alfred Hitchcock presents (1955-1962) y los relatos fantásticos de The Twilight Zone (1959-1964), Brooker recoge el testigo y conjuga problemáticas de toda la vida -orgullo, sexo, humillación, venganza- con las nuevas tecnologías y el mundo 2.o que nos toca vivir. Lo peor es que a pesar de las grandes dosis de fantasía y mala leche que destilan estos tres capítulos independientes, el asunto no anda muy desencaminado. El espejo de Brooker exagera, pero si miras fijamente él, te puedes reconocer sin problema.

(A partir de aquí breves reseñas con la esencia de cada capítulo. No contienen grandes spoilers, pero es recomendable ver cada capítulo sin tener ni idea de qué va, palabra!)

The National Anthem

A través de una premisa absurda, el capítulo es una muestra exagerada de cómo en el día a día las redes sociales convertidas en la auténtica voz del pueblo someten al cuarto poder (la prensa) que a su vez somete a unos políticos más preocupados por la popularidad que por su dignidad. Las reglas del juego han cambiado y lo que antes podía ser un secreto bien guardado, Internet lo propaga por naciones en cuestión de un retweet.

15 Million Merits

A medio camino entre el futuro dibujado por George Orwell en 1984 y en el que se ambienta Wall-E, esta fábula futurista se centra en la frivolidad de los programas de talentos y la sumisión y dependencia absoluta a la tecnología. Personalmente, lo más interesante de este episodio es el día a día de los personajes, cómo los rasgos individuales de cada uno se reducen a pequeños detalles del perfil de usuario (tal cual un Mii) y el punto al que llega el acoso publicitario, no tan alejado del actual.

The Entire History of You

A medio camino entre la cronología que propone Facebook y un dispositivo que podría ser propio de Apple, un aparato implantado en la cabeza permite registrar automáticamente todas nuestras vivencias a través de la vista. Lo que podría ser considerado un avance tecnológico inimaginable se convierte en una verdadera condena, una auténtica intromisión en la vida personal de cada uno que, por nuestra naturaleza humana, es objeto de nuestra desdicha, obsesiones y bajezas morales y sentimentales. Otro episodio que sobrecoge, porque apartando la dimensión fantástica del relato, las actuales redes sociales ya están alimentado otras historias no muy alejadas de esta.

Los guiños de Dragon Ball GT a Star Wars

Desde que me enganché a la lectura del manga de Dragon Ball a mediados de este año, no he parado de dar la chapa a todos aquellos que soportan mi compañía sobre lo inmenso y maravilloso que es este cómic. Leídos todos los mangas, el siguiente paso lógico era Dragon Ball GT, donde a día de hoy me faltan la mitad de capítulos por ver.

(más…)