Viajes

Mangiare a Rimini 2: Dolce Vendetta

Ho capito, escribir dos entradas sobre comida en tres meses puede resultar excesivo, ma en questa ultima settimana a Rimini, vorrei dedicar un espacio a los pequeños grandes postres italianos. Aquellas pequeñas especialidades que no conocía tanto y que se han ganado un hueco tanto en mi estómago como en mi corazón… y es que madonna, questa roba è buona, e che buona!

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Afortunada Gema…

Qué bien se (te) ve

…a ti van dirigidas públicamente estas palabras. Agradecido te estoy por tener el valor y el esfuerzo de mostrar un poco de la experiencia Leonardo a partir de un blog, por lo que aquellos que también fuimos destinados a Rímini pudimos tener una pequeña idea de lo que nos íbamos a encontrar. Y mediado el ecuador de esta aventura y revisionando tus entradas, me doy cuenta de lo parecida de tu experiencia a la mía, de lo terriblemente predeterminado que es todo y cómo terminamos tanta gente en caer en lo mismo. Por ello, insisto en agradecerte la escritura de tu (breve) bitácora.

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Las bicicletas son para la Leonardo

Allá en Coruña, soy un frustrado ciclista en ciudad. Si atendemos a la jerarquía vial, los peatones se encuentran en lo más alto porque campan a sus anchas por las aceras y los coches les ceden el paso cuando cruzan por la carretera. En el último escalón, en la escoria más absoluta se encuentran los ciclistas, que a pesar de contar con el servicio municipal de bicicletas, no tienen sitio por donde circular (aceras estrechas con peatones encabronados, carreteras también estrechas por coches aparcados en doble fila y otros tantos yendo fostiados). Si a esto le sumas que la orografía curuñesa tiene los mismos desniveles que el Dragon Khan y los kilómetros de carril bici se reducen a un tramo del Paseo Marítimo (que la gente piensa que es todo el paseo, pero ni de coña), este medio de transporte seduce bien poco por lo escaso de su pragmatismo.

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Mangiare a Rimini o: How I Learned to Stop Worrying and Eat Like a Pig

Muchas son las cosas que mi piacciono de Italia, entre ellas un argumento de peso: su gastronomía, su deliciosa gastronomía. Visites la ciudad que visites en la Península Itálica, siempre te vas a llevar un grato recuerdo de su comida. Ahora inmerso en la cultura italiana, incluso una ciudad turística como Rímini tiene una rica variedad en su menú lo suficientemente apetitosa como para acabar cebadísimo si no tienes control en tu dieta diaria. A continuación comentaré un poquino sobre las delicias culinarias que he podido saborear estos días:

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Leonardi senza gloria

Arriviamo a Rimini un domingo de noche, después de arrastrar nuestras maletas por aeropuertos y trenes impuntuales. Una vez en el bus que nos acercaba a la residencia, vimos desfilar ante nosotros un ramillete de carteles luminosos de hoteles y ristorantes, todo terriblemente estrafalario. No tenemos sitio en el sistema, no saben muy bien donde meternos. Mientras no podemos ocupar puestos de trabajo, nos tenemos que conformar con seguir (de)formándonos y aprovechando estas extrañas becas públicas. Y en lugar de meternos en una residencia universitaria, nos chantan en medio del complejo -repito, complejo- hotelero a dos pasos de la costa atestada de sombrillas y tumbonas. Italia de usar y tirar, preparada para el consumo y disfrute de turistas al uso. Más desubicados todavía.

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