Dexter

Dexter: el asesino asesinado

dex copia

Hay dos temas candentes estas semanas en el mundo de los blogs y foros especializados en series: la clausura final de Dexter y Breaking Bad, dos pesos pesados de la ficción televisiva yanqui. Con cada capítulo que pasa, se observan dos tendencias en cada una de ellas: el hype desmedido por los compases finales de Walter White y la profunda decepción por la pérdida de toda lógica en los últimos latidos de Dexter. Porque de todo el abanico de posibilidades abierto con el final de la séptima temporada, no se podía clausurar peor una serie que regaló tanta épica a los televidentes.

Cuando empezó Dexter allá en 2006 muchos quedamos prendados por una historia que enganchaba, un protagonista con una personalidad oscura y atractiva, capítulos adictivos y unas tramas muy interesantes. La serie avanzaba con algún que otro trompicón, y alcanzó la gloria con una espectacular cuarta temporada (la de Trinity) y un final totalmente inesperado y sublime. A partir de entonces, al dejar el listón tan alto, las siguientes temporadas sufrieron para mantener el nivel, y después de una quinta entrega bastante digna, la sexta y la séptima fueron desinflando la serie hasta llegar a una octava temporada que pasará a la posteridad. Y no para bien.

SPOILERS DE LA OCTAVA A PARTIR DE AQUÍ

Muchos intentaron defender lo indefendible y justificar los desmanes que estaba sufriendo la octava temporada. Con un Dexter atípico que no sufre la necesidad imperiosa de calmar a su Oscuro Pasajero, el protagonista parece que va de paseo de acá para allá sin más. La octava temporada es Dexter caminando por la vida, sin pausa pero sin prisa, procurando no hacer ruido, vestió con una sonrisa. Porque cuando todos esperábamos una season finale frenética, con Dexter acorralado, perseguido por todas sus fechorías justificadas por su moral, nos encontramos con una temporada de personajes nuevos desconcertantes (una psicóloga/figura materna sacada de la chistera, con un season killer sacado aun más de la chistera, una hija secreta de Masuka, un Marshall surgido de la nada que apunta a ser el cazador final de Dexter…) que protagonizan tramas aun más extrañas. Porque a estas alturas del juego, a nadie le interesa la promoción interna de Quinn cuando está más obsesionado con Debrah que con Dexter.

Los dos últimos capítulos emitidos hasta el momento, Make Your Own Kind of Music y Goodbye Miami han echado más sal a la herida con el comportamiento inverosímil de los personajes y las situaciones dantescas que se producen. Porque no nos encontramos con fallos de raccord que ponen a prueba al espectador más picajoso, sino a errores de bulto que no cuelan ni en una serie infantil. ¿O es que acaso, por poner uno de los ejemplos más claros, un personaje perseguido por la policía no se sometería al más leve cambio de look? ¿Por qué los personajes tienen una amnesia tan tremenda de un capítulo a otro? ¿Cómo diantres Debrah tolera tantas bastadas en tan poco tiempo? Digno de estudio sería visionar la cuarta y la octava temporada de Dexter del tirón y enumerar las luces y las sombras de cada una de ellas.  Se me agolpan tantos y tantos momentos delirantes en los últimos capítulos, que prefiero dejar respirar al teclado…

La serie ha crecido tan mal como Harrison. Ahora mismo todos echamos de menos a Cody y a Astor. Es lo que pasa cuando tu hijo pasa prácticamente todo el tiempo con la niñera. Ya no sabes quién es.

Esta escena de la cinta de correr, resume toda la temporada. Incluso con la música añadida a mayores.

Stay out of my territory

WALT

 

Mi affair con Breaking Bad empezó durante el verano de 2009, donde me empecé a meter por vena las dos primeras y fugaces temporadas. Desde entonces comenzó un flechazo que pocas series sin finalizar me habían dado, como lo fueron Lost (tema de comentar aparte), Dexter (en su día, antes de comenzase a languidecer) y alguna otra que no me viene a la mente. Comparado con las otras dos, de las que esperaba un final megaépico que la primera no fue capaz de ofrecer y la segunda va camino de lo mismo, tengo fe ciega en que la conclusión del descenso a los infiernos del señor White esté a la altura. Acabe como acabe.

Por el momento, toca meterse la primera ración. Y dejar que el hype de colegialas locas siga contaminando el ambiente para el sufrimiento de los gourmets puristas de series y el disfrute de obsesivos seriéfilos.

Y es que… “¿te gustaría vivir en un mundo sin Coca-Cola?”