Música

Top de Música de Videojuegos

La nostalgia me acecha y últimamente vienen a mi recuerdo varias de las melodías de los juegos nintenderos con los que viciaba en mi adolescencia. Más allá de la maravillosa jugabilidad que tenían todos ellos, el apartado musical me parece de quitarse el sombrero en casi todos… A continuación haré un minilistado de melodías que bien valdrían un playlist en un reproductor musical:

Saria’s Song (Zelda: Ocarina of Time – N64). Como juego, a pesar de la leyenda de este en concreto, me fascinó mucho más WindWaker, aunque esta melodía la llevo pegada como un chicle desde hace ya bastante tiempo…

Final Boss Music (Donkey Kong Country – SNES). Probablemente, uno de mis jefes finales favoritos, de un juego absolutamente recomendable e imperecedero a través de los tiempos. King K. Rool es un bicho de mucho cuidado, y la melodía pirata que se va transformando en pastilleo es la leche.

Water Theme (Super Mario 64 – N64). Otro juegazo. Y al igual que las fases acuáticas del Donkey Kong Country, la música era tan relajante que es recomendable meterse en la bañera y dejarla puesta para alcanzar el Nirvana.

Platforms A Plenty! (Super Mario Sunshine – Gamecube). Es escuchar esta version a capella de una de las clásicas canciones de Super Mario y recordar los travellings de las pantallas de plataformas más jodidas y enrevesadas que tuve que superar para conseguir un maldito Sunshine.

Dr. Mario Theme Song (Super Smash Bros – Gamecube). La versión cañera que se marcaron para el juego de lucha más molón de Nintendo (¿alguien ha dicho infantil? ¡Iros al Infierno!) también se niega a abandonar mis recuerdos.

Route 1 Theme (Pokemon Blue/Red – Gameboy). No es ni mucho menos espectacular, pero tantas horas de juego y lo pegadizo de la canción hacen que la incluya en esta minilista. Que incluso suena en un cochecito para niños que tienen en el Puerto de Ocio…

Rainbow Road (Mario Kart 64 – N64). Evidentemente, no podía acabar esta selección sin incluir algún tema de la saga por antonomasia de mi selección particular…

La cantante de Los Punsetes

Fui al Festival do Norte con una clara intención: pasármelo bien. Llegué sonándome únicamente el nombre de Los Planetas y teniendo vagas referencias del resto de grupos que iban a tocar. Tanto daba, acompañado de buenos amigos y en una leira que reunía a tantas gentes extrañas e interesantes, nada podía salir mal. Así fue: nos lo pasamos chachi piruleta tanto con conocidos como con desconocidos. Disfrutamos plácidamente de todas las ventajas que supone dormir en tiendas de campaña: frío por las noches, espalda destrozada, una experiencia auditiva que como dice Ser nada tiene que envidiar al Dolby Surround (te pueden vendar los ojos y ser capaz de reconocer desde donde te hablan que si estás dentro de una tienda ni de coña), sensaciones desagradables. En definitiva, un delirio, un pasote. Puro purín.

En los conciertos no me enteré demasiado de las cosas que sucedían encima del escenario. Sin embargo, hubo un grupo que me fascinó. No es que me enamorasen, pero sin duda alguna no me dejaron indiferentes: Los Punsetes. La interpretación de la cantante, Ariadna, me dejó patidifuso: la misma capacidad de movimiento que la de una viga de hormigón. Imperturbable, miraba hacia el vacío, el único dinamismo que salía de su cuerpo se localizaba en la boca. En mi cabeza se amontonaban imágenes intentando buscar un símil a tal fenómeno: una muñeca hinchable con la boca controlada por un ventrílocuo, una máquina de feria con una bruja gitana en su interior, una estatua endemoniada por el espíritu de una cantante maldita. Como ya digo, aquella fascinación trascendía a cualquier deseo sexual o amoroso: era simplemente quedar admirado por la majestuosidad propia de un espectáculo de la naturaleza, como el despliegue de la cola de un pavo real o la potencia de un géiser.

Una vez llegada la sesión DJ, cual fue mi sorpresa al enterarme que la cantante se encontraba a escasos centímetros de nuestro grupo. Estaba de espaldas, otra vez imperturbable, presumiblemente recibiendo las coñas de su círculo por su estatismo en un oceáno de cuerpos con miembros descontrolados. En esto, ejecuta por primera vez un movimiento que no hace más que agigantar mi fascinación: se desliza hacia abajo como una serpiente, una especie de rápido y frenético bamboleo para después ascender por el mismo recorrido y recuperar en un abrir y cerrar de ojos la posición original. Todo esto con los brazos rígidos, tal cual como en el escenario. Intenté dejar de mirarla para no parecer un fan histérico, pero sólo las canciones que de verdad me enloquecen me apartaron de su figura.

En fin, pues ahí me encontraba yo, con este pequeño atrapamiento, incapaz de dirigirme hacia ella. Pensé en pedirle una foto pero…¿para qué? Acababa de conocer sus canciones, admiraba su particular modo de interpretarlas y su excentricidad, pero tampoco era algo que me volvía sumamente loco. Además, sería un momento bastante incómodo para ambos. Le comenté a Alicia mi admiración y mi temor a pedirle una foto y como si fuera el clásico amigo parado, allá fue ella a pedirle una foto con la cámara del móvil. Intenté excusarme pero daba igual: sacó la foto y ella permaneció, como siempre, quieta. Y aquí acaba toda la fascinación que me inspiró esta mujer/objeto (expresión despojada en este contexto de su connotación negativa) durante unas horas. El fanatismo histérico se quedó corto en esta ocasión (menos mal).

El doble de Xoel

¿Qué nos impulsa a ser cómo somos? Ahora que ya he escrito una frase filosófica, puedo comenzar a escribir sobre dos de las citas musicales más importantes que se han producido en mi vida. Separadas por muy poco en el tiempo y muy mucho en la distancia. Precisamente estos dos conciertos son de un par de artistas que me llegan a obsesionar.

MIKA. El artista que me permitió tener Matrícula de Honor, la voz de Freddy Mercury metida en el cuerpo de un chaval hiperactivo que vive en una película de dibujos animados psicodélicos. Alba me acompañó a este espectáculo de serpentinas, cabezones, muñecos hinchables, globos y música colorida. Una voz poderosa que no flaquea en directo, una puesta en escena increíble y una simpatía maravillosa. No hubo problema ni con el idioma, había prometido hablar solamente en español y cumplió con creces. El cronista de la ABC se debió confundir de concierto porque donde yo estuve fue impresionante. Magnífico MIKA.

El otro concierto: Lovely Luna. Y aquí es donde llega la chicha y mi pequeña batallita. Soy un fan declarado de Deluxe y Xoel, aunque he de reconocer que de Lovely Luna apenas conozco su trabajo. A continuación intentaré ofrecer una historia resumida de todo lo que nos une y nos separa:

How I met Xoel López

Corría el año 2008. Mi compañero de carrera y amigo Pedro Díaz se crecía siempre con Deluxe y poco a poco me fue metiendo el gusanillo, apoyado por otros incondicionales como Lex o Rubén Mayo. Hacia finales de ese mismo año estábamos de suerte: podía hacer gala del fanatismo por este grupo en su último concierto en Expocoruña. Pero yo, con mi faceta de graciosillo, quería llamar algo la atención.

No era la primera vez que me decían que me parecía a Xoel. El parecido radica en tener pelo oscuro, barba, gafas y una figura desgarbada. Ahí termina la similitud y cualquier otro parecido con la realidad es mera casualidad. Pero me enorgullecía que gente desconocida me dijese en los botellones: “¡hostia, Xoel!” y decidí seguir con el juego. Un juego que tenía un destino insospechado. Así que, ni corto ni perezoso, acudí hasta Doña Camiseta para llevar en mi pecho durante el último concierto de Deluxe las palabras: YO NO SOY XOEL.

El doble

Durante el concierto, acompañado por Lex, Pedro, Rubén y Ana, atraje la atención de varias personas, el encargado del puesto de las camisetas el primero. Me saqué varias fotos con aquellos que quisieron, medio abrumado por parecer un payaso y también un tanto orgulloso. A veces dentro de mi persona aflora el personaje, no os vayáis a pensar que soy un fiestas 24 horas. Y más allá de eso, la camiseta no tuvo repercusión encima del escenario, Xoel dijo que un miembro de su grupo se parecía a él, mientras un puñado de fans gritaban desde abajo: “¡No, no, tu doble está aquí!”.

Otra de mis características es que me encanta grabar tonterías audiovisuales, y en concreto, parodias/homenajes/plagios. Mis compañeros de piso me ayudaron a realizar un particular tributo al videoclip de Gigante. Otra llamada de atención a Xoel que se seguía resistiendo. En ese mismo vídeo, se encuentra el siguiente comentario: “jaja! Muy bueno, a Xoel le ha encantado!”.  Y no era por dudar de la veracidad de las palabras de ese usuario, pero no eran pruebas suficientes para demostrar que lo vio.

Marzo 2010. Lois Blanco, ex compañero de carrera y amigo, reside en Buenos Aires durante una temporada y llega a tener encuentros con Xoel. En uno de ellos, Lois le pide que me grabe un audio donde me envía un saludo y hace referencia a mi videoclip. Me ilusiona mucho, pero parece que ilusiona más a mis íntimos que se dedican a crear un grupo de Facebook con la transcripción (en este punto, la gente que no nos conozca personalmente y lea este artículo estará pensando: “vaya pandilla de flipaos”).

Abril 2010. Me entero del concierto de Lovely Luna en Vigo. Tras escuchar la grabación del audio por quinta vez, decido que tengo que devolverle la pelota. Acudo de nuevo a Doña Camiseta y le preparo un cómic explicativo por si no se acuerda de quién soy. Lex, Rubén Mayo y Pablo me acompañan en la aventura. ¿Cuál era el momento ideal para entregársela? ¿Antes del concierto o después? Sería una putada gastarme 13 euros de viaje, 13 de camiseta y otros tantos del concierto para quedármela yo después de todo. Por si acaso, antes de la cita me tomo tres latas de cerveza, dispuesto a lo que salga.

Llegamos tarde al lugar. La gente aplaude justo cuando entramos (quiero pensar que no es por una confusión con Xoel al verme entrar a lo lejos, pero mi ego lo pone difícil). Ocupamos nuestro sitio en las butacas y salen Xoel, Félix Arias y el resto de la troupe. Las canciones se van sucediendo (no me sé ni una) y en mí se provoca una metamorfosis. Dr. Jeckill vs Mr. Hyde. Mi persona desaparece para dar lugar al personaje. Pasado el ecuador del concierto y el final de una canción entre aplausos, mi brazo de repente se alza:

Pepe: ¡Xoel! ¡Xoel!

La sala se gira hacia mí. Xoel y el resto dejan de prestar atención a sus instrumentos para mirarme. Momento crítico: si me trabo o no me llega a salir ninguna palabra quedaría más idiota de lo que soy. Le explico mucho más brevemente que ahora mismo toda mi relación con su persona. Pide aplausos para su doble mientras todavía no acaba de creérselo. Le pasan mi bolsa con la camiseta y dice que ya la recogerá un tal Xurxo al final del concierto. Ya está, ya la tiene. “Qué huevos tienes”, responde.

A la siguiente canción a mi intervención Xoel aguanta a duras penas la risa ante tal sujeto y de vez en cuando realiza una mención. La gente le pide que enseñe el regalo y se acerca a la bolsa. “¡Cuidado, Xoel, es una trampa!”, le gritan. Saca la camiseta y se la acerca al cuerpo: YO NO SOY PEPE MANSILLA. “Es por si pasas por el Ventorrillo para que no te confundan”, le digo.  Juan Vilas, al que siempre le estaré agradecido, logra retratar con su cámara el momento y contacta conmigo al día siguiente por Facebook. Su imagen vale muchísimo más que todas estas palabras que estoy escribiendo.

A las pruebas me remito

El resto de concierto transcurrió sin incidentes. Me mencionó un par de veces más, recordando que le decían que se parecía al de Aquellos Maravillosos Años. Finalmente, el grupo se despidió, y Xoel me dijo adiós con la mano y me “amenazó” apuntando sus ojos y mi persona con los dedos y marchando del escenario. Y así fue, queridos lectores, como ocurrió la nota simpática a la que hace referencia otro blog. Un acto que hará que algunos digan “¡qué grande!” y otros piensen “¡menudo gilipollas!”. Es lo que tiene esto, mi gran fracaso, mi pequeña ilusión…


Mi Top 5 del Rap

El Rap realmente no se limita a ser un género musical, sino a todo un estilo de vida. Las personas apasionadas del rap se vuelcan con él hasta condicionar su vestimenta, sus hábitos, su filosofía. No quiero crear polémica ni granjear muchos enemigos, pero tal como es el rap y el hip-hop en sí, me parece que sus características son muy susceptibles de burla y mofa. Y a mí me hace gracia. Por otra parte, soy amante de las desviaciones y anomalías en mis pasiones y odios, y aquí podemos encontrar un buen puñado de estas cosas. Hete aquí mi selección personal de raps atípicos:

5- ‘Hurt Feelings’ de The Flight of the Conchords. Este par de neozelandeses tienen una de las series más atípicas del catálogo de la HBO, una comedia sobre dos cantautores en Nueva York. Cada capítulo incorpora un par de momentos musicales sublimes. El siguiente es una de mis canciones favoritas del dúo, un capítulo donde la bravuconería de Bret desafiando al resto de rappers les lleva a reclutar toda una pandilla.

4- ‘Carol’ de John Cobra. Llevar una canción de rap al festival de la canción más rancio de Europa es muy extraño. Dejar a la gente elegir sus candidatos a través de Internet es muy peligroso. Forocoches, escudándose en el intocable carácter democrático de la votación, aupó a uno de los personajes de YouTube más polémicos. No se llegó a Europa, pero España pudo disfrutar del arte de Cobra.

3- ‘La Raza’ de Tito MC. Uno de los vídeos revelación de la temporada. La maestría del Tito no tiene precio, pero tampoco lo tiene la gente que ideó este videoclip ni el tipo que decidió comentarlo.

2- ‘Batalla de lerdos’  de Diego y Monty ‘El arcángel del verso’. Uno de los primeros vídeos que he conocido sobre el rap. Con el epígrafe de “Las consecuencias de la ESO”, este vídeo muestra una de las batallas de gallos más patéticas y auténticas que jamás se han hecho. Me muero por conocer el actual paradero de estos dos sujetos.

1- ‘El Rap de Saber y Ganar’ de Jordi Hurtado & Co. Lo intento, pero no puedo comentar nada de este vídeo. Lo conocí la semana pasada y directamente se ha aupado hasta la primera posición de mi top. Sin palabras.